
En el mundo de los automóviles, mi padre solía recordarme: “¿Para qué necesitas 200 CV si el límite es de 120 km/h?”. Alguien debería haberle dicho algo similar a los constructores que, durante los años 90, registraron para uso en vías públicas auténticos monstruos con más de 600 CV diseñados para Le Mans, pero que podrían usarse para un simple picnic dominical.
Estos vehículos son los descendientes directos del Grupo C, y solo pudieron existir en una década específica: los 90.
## Supercoches con placa de matrícula
El automovilismo de competición está lleno de reglas estrictas. La lógica sugiere que los progresos tecnológicos deberían generar autos cada vez más veloces y potentes. No obstante, la FIA, el ente regulador de las carreras de motor en cuatro ruedas, ha implementado diversas restricciones para evitar que la potencia se salga de control.
Un caso claro se vio en los rallies. Esta disciplina es intensa, con vehículos que aceleran como motos de alta competición y alcanzan velocidades impresionantes. En los 80, las marcas comenzaron a alterar motores y chasis de manera extrema, creando máquinas asombrosas. Aceleraban de 0 a 100 km/h en dos segundos sobre tierra. Era algo desquiciado.
En apenas cinco años, los avances fueron enormes, y ocurrió lo inevitable: potencia sin límites, rivalidad feroz, medidas de seguridad deficientes y algunas imprudencias llevaron a accidentes fatales.
Uno de los más notorios fue en Portugal, en marzo de 1986, cuando el Ford RS200 de Joaquim Santos se descontroló y atropelló a una multitud, causando la muerte inmediata de tres espectadores, una cuarta víctima en el hospital y heridas a unas treinta personas. En mayo de ese mismo año, los fallecidos fueron los ocupantes del vehículo: Henri Toivonen y Sergio Cresto perdieron el control y cayeron por un precipicio.
La FIA determinó poner fin al desarrollo del Grupo B, ya que se había excedido por completo. Te cuento esta historia porque, al mismo tiempo que los rallies llegaban a extremos locos, el Grupo C también estaba en auge. Esta categoría se introdujo en 1982 para prototipos deportivos puros en competiciones de resistencia.
Mientras otras divisiones limitaban la cilindrada para controlar la potencia, en el Grupo C la restricción se basaba en el combustible. Estos autos de endurance tenían un tanque de 100 litros y debían hacer al menos cinco paradas por cada 1.000 km, permitiendo un total de 600 litros por esa distancia. Era una cantidad enorme.
El objetivo de la FIA era que las marcas se enfocaran en potenciar los motores mediante turbos. Durante dos décadas, los vehículos del Grupo C ofrecieron espectáculos en pruebas de resistencia y Le Mans, incorporando tecnologías de la Fórmula 1 adaptadas. El resultado fueron máquinas ideales que promediaban más de 200 km/h en Le Mans y alcanzaban picos de 330 km/h en la recta de Mulsanne.
Sin embargo, después de esos 20 años exitosos, la FIA hizo lo que suele: revolucionar todo y alterar la esencia de la competición. En seis años, anunció motores sin turbo y carreras de un máximo de 430 km (frente a los 1.000 km anteriores). Esto distorsionaba por completo el propósito del Grupo C.
Aunque los nuevos motores se promocionaban como más asequibles, crearlos desde cero representaba un costo enorme para los equipos, que empezaron a retirarse. Antes de la temporada 1993, la categoría se canceló. Así surgió la GT1, dejando a marcas como Toyota, Nissan, Porsche, Jaguar y Mercedes con inversiones millonarias en el limbo.
Aquí viene el giro: salvo que adaptaran esos supercoches con algunos ajustes para matricularlos y venderlos como vehículos de calle, financiando así los desarrollos para la nueva GT1.
## El Mercedes CLK que no era CLK, el Nissan más exclusivo y el Porsche que volaba
Usando esa tecnología y experiencia, las empresas transformaron prototipos de Le Mans en supercoches de carretera que compartían rasgos como chasis monocasco de fibra de carbono, motores de gran potencia con electrónica avanzada, transmisiones de carreras, aerodinámica activa en ciertos modelos, peso mínimo y, en ocasiones, espacio para una maleta pequeña.
Cuando marcas como Nissan, Toyota o Mercedes competían en Grupo C, no requerían versiones de calle: solo se dedicaban a crear bestias indomables. Pero la GT1 exigía producir unidades matriculables para validar los prototipos de pista.
Las compañías explotaron vacíos en las normas para participar, y esa obligación de tener variantes de carretera resultó en auténticos autos de competición circulando por vías públicas.
Nuestros colegas de MotorPasión han recopilado algunos de los modelos más emblemáticos de esta era alocada, con anécdotas increíbles.
## Descendientes del Porsche 962
Este fue uno de los autos más icónicos de Le Mans, y su chasis sirvió de base para tres marcas. El Dauer 962 Le Mans, modificado con apoyo de Porsche, incluía paneles de kevlar, un piso plano para mayor estabilidad, un segundo asiento de cuero, suspensión hidráulica y un maletero delantero.
Su motor entregaba 730 CV, y como fue de los pioneros, se homologó con solo 13 unidades, no las 25 requeridas después. ¿Cómo lograron certificar un auto de carreras para la calle? Con una suspensión hidráulica que lo elevaba hasta 10 cm, y tras pruebas de emisiones y choques, la inspección técnica alemana lo aprobó.
Otros derivados del 962 incluyeron el Schuppan 962R, del que se completaron seis unidades, y el Koening Specials C62, con tres ejemplares homologados. Eran de la era previa a las reglas estrictas de GT1, por lo que no se exigieron las 25 unidades de calle.
## Porsche 911 GT1 Straßenversion
El término “Straßenversion” se usó en Alemania para versiones de calle casi idénticas a las de pista, con cambios mínimos para la homologación. En 1996, Porsche fabricó exactamente 25 unidades para certificar este modelo.
Primero crearon la variante de carretera con chasis basado en el 962 y un motor biturbo de 3,2 litros que generaba 544 CV. Cumplía con normas de ruido, impactos y emisiones, y luego lo adaptaron para competencias. Triunfó en circuitos, pero se hizo famoso por su habilidad para “volar”.
## Mercedes-Benz CLK GTR Straßenversion
Un ícono para quienes crecimos con videojuegos como ‘Project Gotham Racing 3’ o ‘Gran Turismo 4’. Mercedes lo desarrolló en tiempo récord para la competición, produciendo 25 unidades con un V12 atmosférico de 6,9 litros y 612 CV.
Podría haber encajado en Grupo C: asientos de cuero, monocasco de carbono y aprobación de la TÜV alemana para circular… si alguien pagaba 1,5 millones de dólares.
Era un prototipo puro disfrazado de gran turismo. Su diseño sigue impresionando, y es un misterio cómo conductor y pasajero entraban por esas puertas diminutas.
## Jaguar XJR-15
Por 500.000 libras, podías adquirir una de las 35 unidades de calle del Jaguar XJR-15. Contaba con monocasco de carbono y kevlar, motor V12 de 6 litros y 450 CV. Entre los herederos de Grupo C, es uno de los más elegantes, y su parecido con el McLaren F1 se debe a que Peter Stevens, diseñador de este último, modificó la carrocería para su uso fuera de pistas.
## Toyota GT-One
Toyota no planeaba matricular el GT-One originalmente. Produjeron… solo dos unidades de calle. Aunque se requerían 25 para homologar, usaron vacíos en las reglas de la FIA con piezas para dos. Era un V8 biturbo de 3,6 litros con 600 CV, ajustado mínimamente para pasar pruebas alemanas.
Los GT1 debían tener maletero para una maleta (incluso en pista), y los ingenieros de Toyota interpretaron la norma al límite: la FIA decía que “debía caber”, no que se probara insertándola, así que diseñaron un tanque de combustible grande que, vacío, podía albergarla.
Aunque parezca absurdo, la FIA lo aceptó. Toyota desarrolló primero la versión de carreras y luego la de calle para competir en GT1, un caso de cómo estirar al máximo las regulaciones.
## Nissan R390 GT1
Este auto es literalmente único. Nissan creó solo un ejemplar de calle en 1998 para homologar el prototipo. Su V8 biturbo de 3,5 litros se adaptó con faros, espejos y escape para cumplir normas japonesas y europeas, y la FIA lo validó.
Partieron del diseño del Jaguar XJR-15 (de ahí el parecido), y la versión de carretera se desarrolló junto a la de pista. Ese único ejemplar se exhibe hoy en el museo de Nissan en Japón.
En resumen, aunque ahora vemos autos con más de 1.000 CV compartiendo carreteras con un Dacia, estos de los 90 eran más que supercoches: vehículos concebidos para