
El sistema de metro en Madrid se cuenta entre los más intrigantes de Europa, y no se debe a la decoración de sus máquinas de boletos ni a la posible eliminación de conductores en la línea 6. Tampoco se relaciona con los empujadores implementados para reducir el hacinamiento. Desde su inauguración por Alfonso XIII, ha expandido su red a lo largo de más de un siglo (exactamente 106 años), convirtiéndose en el tercero más extenso del continente. Con 294 kilómetros de longitud y 302 estaciones, ocupa el noveno lugar a nivel mundial.
En sus más de 300 estaciones, se ocultan elementos históricos, como la estación abandonada de Chamberí, que sirvió como refugio antiaéreo en la Guerra Civil española y ahora permanece preservada y accesible al público en el Andén 0. No es el único aspecto que se ha mantenido: los trenes siguen moviéndose por la izquierda. Como detalle curioso, ciertas escaleras mecánicas también están orientadas en ese sentido.
Si estás acostumbrado a usar el metro en ciudades como Barcelona o París, podrías notar la diferencia en el sentido de circulación: en Madrid, los trenes van por la izquierda, al igual que en el metro de Londres. Esta similitud con el sistema británico no es coincidental.
Los ingenieros españoles Miguel Otamendi, Carlos Mendoza y Antonio González Echarte, responsables del diseño del Metro de Madrid, tomaron como modelo el metro de Londres, incorporando sus normas de señalización y circulación similares a las de The Tube.
Esto era lógico en esa época, ya que Londres representaba el estándar global en ferrocarriles urbanos, y no había una regulación nacional que impusiera circular por la derecha. Por ejemplo, en Madrid se circulaba por la izquierda, mientras que en Barcelona se hacía por la derecha. Un decreto del alcalde de Madrid en 1924 estableció oficialmente la circulación por la derecha.
Sin embargo, una década más tarde se introdujo el primer código de circulación nacional. Para entonces, el Metro de Madrid ya funcionaba desde hacía años.
La razón por la que en el Reino Unido se circula por la izquierda tiene raíces históricas, principalmente relacionadas con la guerra y la comodidad. Dado que la mayoría de las personas son diestras, moverse por la izquierda facilitaba el enfrentamiento armado contra un oponente que se aproximara, ofreciendo un mejor ángulo de ataque y protegiendo la mano derecha.
Además, subir y bajar de un caballo resultaba más sencillo y seguro para los diestros, al descender hacia el borde del camino. Esto también prevenía golpes accidentales con látigos a los peatones. Fue Napoleón quien alteró esta práctica en el resto de Europa.
Desde un punto de vista geográfico y cultural, podría esperarse que el Metro de Madrid hubiera ajustado su orientación para alinearse con los estándares europeos predominantes, pero no ocurrió. En contraste, las líneas de metro ligero en Madrid sí circulan por la derecha, siguiendo el sistema vial actual.
A pesar de la adopción del código de circulación nacional que requería circular por la derecha, el metro madrileño nunca modificó su sentido. La red de metro de Madrid operaba de manera independiente de la red ferroviaria estatal, por lo que en los años 30 se decidió mantener la circulación por la izquierda para evitar los enormes costos en infraestructura y logística, como cambiar la señalización, invertir el sentido de los trenes, las agujas de las vías y la configuración de algunas estaciones.
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