La serie Senna revive la pasión por una Fórmula 1 del pasado, y su sonido explica gran parte de su éxito

BlogDecember 27, 2025

El 1 de marzo de 1981, en Brands Hatch, Reino Unido.

Había competido por dos títulos mundiales de karting, pero seguía siendo un desconocido para la mayoría del público. Incluso en Inglaterra, donde el entusiasmo por el automovilismo supera al de otros países europeos, pocos se daban cuenta de lo que presenciaban.

Un brasileño con cabello rizado. Rostro infantil en el cuerpo de un joven de 21 años. La mirada confiada de quien se sabe superior. Y lo era. Ese día terminó en quinto lugar al volante de su Van Diemen. Solo dos semanas después, logró su primera victoria.

Con la pista empapada, Ayrton Senna da Silva solicitó a su equipo que inflara al máximo los neumáticos. Se dice que nadie en el grupo creyó en esa elección, pero como piloto que financiaba su propio asiento, los mecánicos siguieron las indicaciones.

El resto forma parte de la historia.

El conductor brasileño comenzó a acumular triunfos. En la Formula Ford 1600 de ese año, disputó seis carreras y ganó cuatro. De las 19 mangas en las que participó, se llevó 12 victorias.

Al finalizar ese mismo año, Ayrton Senna honró el acuerdo familiar y la promesa a Lilian de Vasconcelos Souza, su novia en ese momento y futura esposa por poco tiempo, del considerado como el piloto de Fórmula 1 con mayor talento de todos los tiempos. Senna regresó a su país para manejar el negocio familiar. Sin embargo, ya había probado la victoria. Ya había sentido lo que significaba ser el mejor.

Y retornó para conquistarlo todo.

Existen, están en alguna parte

Más de 40 años después de esa carrera en Brands Hatch, Netflix lanzó Senna. “Mientras continuábamos la búsqueda, grabamos un Fórmula Ford en Suecia, un FF 1600”, comenta Gabriel Gutiérrez, diseñador de sonido de la serie de seis episodios que recrea la vida del piloto, utilizando herramientas como Dolby Atmos, entre otras.

Senna explora el lado humano del piloto, su vida personal y su trayectoria hacia tres campeonatos mundiales. Pero lo que más atrae a los fanáticos es el montaje de las imágenes y las recreaciones en monoplazas legendarios. Recreaciones que no tendrían el mismo impacto sin su sonido.

“Recibí una llamada de un supervisor de posproducción en Brasil, Gabriel Queiroz, quien me habló de un nuevo proyecto de Vicente Amorim, con quien ya había colaborado en Santo. Desde el inicio, empezamos a buscar autos a nivel global y cómo obtener modelos de esa era para grabarlos”, detalla Gutiérrez sobre la construcción de Senna.

“El rodaje se haría con réplicas de los autos, modelos hechos a medida con gran precisión, pero sus motores no eran de carreras de Fórmula 1”, aclara Gutiérrez.

Y ahí surge el desafío: grabar los modelos más icónicos que pilotó Ayrton Senna y contra los que compitió durante los años 80 y principios de los 90. “Mucha gente nos dijo que estábamos locos, que nunca lo lograríamos, que esos autos estaban desarmados y no existían”.

Pero sí existen.

Quien ha asistido a una carrera de Fórmula 1 recuerda algo inolvidable: el sonido. Los V6 híbridos actuales no se comparan con el rugido intenso de los V10 de finales de los 90 y principios de los 2000, que Senna no llegó a conocer.

Lo que sí manejó fueron monoplazas de una era irrepetible. Desde su debut en la Fórmula 1 en 1984 hasta el trágico 1 de mayo de 1994, cuando perdió la vida en la curva Tamburello del circuito de Imola (San Marino), la Fórmula 1 vio pasar V8 turbo y V10 y V12 atmosféricos, estos últimos con un sonido ronco y brutal, diferente al de los V10 que regresaron en 1995.

Sonidos puros, sin electrificación, que en el habitáculo se mezclaban con el clic metálico de la palanca de cambios. El pisotón al embrague para bajar marchas, el ajuste del acelerador para sincronizar revoluciones de un motor que superaba las 10.000, 11.000 o 12.000 rpm. El petardeo antes de la primera chicana de Monza, donde los Ferrari de Berger y Alboreto presenciaron atónitos el abandono de Ayrton Senna tras chocar con Jean-Louis Schlesser, logrando la única victoria que arrebataron a los McLaren en todo 1988. El golpe de acelerador al salir y el aullido con cada cambio antes de llegar a la Parabólica y enfilar la recta de meta. El grito entusiasta de los tifosi en las gradas al verlos de nuevo en lo alto del podio en Monza, cuando apenas tres vueltas antes parecía imposible.

Eran tiempos de conducción pura, guiada por los sentidos. Vista, olfato, tacto… y oído.

Para los protagonistas y sus admiradores. Para quienes vieron a un brasileño debutante sortear barreras en Mónaco en 1984, amenazando la victoria de un ya establecido Alain Prost, quien logró detener la carrera antes de su fin, repartiendo la mitad de los puntos en una decisión que le costó el Campeonato del Mundo a favor de Niki Lauda al final del año.

“Pudimos grabar el Toleman original de Ayrton Senna de 1984 y el Lotus original, el modelo 97T, en el Lotus Classic Track en Oxford, que resultó en una grabación fantástica. El Toleman se convirtió en el nuevo protagonista para nosotros, el favorito”, detalla Gutiérrez. Para entonces, ya habían reunido varios monoplazas que definieron una era. ¿Cómo? Navegando en la incertidumbre.

El diseñador de sonido de Senna explica que su primera idea fue contactar a Frank Cruz, quien manejó el sonido en Rush de Ron Howard, película sobre el duelo entre Niki Lauda y James Hunt en el Campeonato del Mundo de 1976. La cinta había cautivado a los fans por las emociones transmitidas por los monoplazas, la sensación de velocidad y su sonido.

Cuenta que Cruz lo conectó con Max Lachmann, experto en sonido responsable de las grabaciones de los autos en Rush, cuya empresa Pole Position refleja su pasión por las carreras. Entonces empezó la búsqueda. Había que localizar los autos, convencer a los dueños y grabarlos en pleno funcionamiento.

Gutiérrez detalla que el tiempo pasaba sin avances hasta que recibieron un tip: un “evento secreto” en Donington Park. Allí, varios monoplazas clásicos saldrían a pista. Obtuvieron permiso para grabar el V8 Cosworth con el que Nelson Piquet ganó su primer Mundial en el Brabham BT49C, el V8 del breve paso del equipo Leyton House Racing y uno de los tesoros: el McLaren MP4/6 con motor V12 con el que Senna obtuvo su tercer título.

Ese primer avance fue crucial. Luego llegaron los demás modelos, relata Gutiérrez. Fue entonces cuando apareció ese auto clave aunque menos recordado en Suecia, el monoplaza de la Formula Ford 1600 de 1981, esencial para recrear la historia. Pero sobre todo, surgieron otras tres unidades. En Chicago, un coleccionista custodiaba como un tesoro una unidad del McLaren MP4/4, el MP4/5 y el MP4/6 que marcaron la historia de Senna en la escudería británica.

Y hay que grabarlos

El equipo de sonido de Senna, la serie disponible en Netflix, tenía los autos. Contaba, al menos, con todas las motorizaciones usadas en esos años. Pero faltaba lo más difícil: la grabación.

Tener los autos disponibles era solo el comienzo. Había que persuadir a los propietarios para que pusieran sus reliquias a máximo rendimiento y capturar el sonido original de los motores. Monoplazas delicados con más de 30 años que debían salir al circuito, arriesgando su mecánica e integridad.

Para lograrlo, explica Gutiérrez, fue vital una buena relación con el piloto. Max Lachmann fue el sonidista principal de la serie, encargado de capturar el sonido de motores y monoplazas. Colocaron micrófonos en todos los sitios posibles… pero el espacio era extremadamente limitado.

El mayor problema era el grabador mismo. Mientras los micrófonos se distribuían por la carrocería, el alerón trasero cerca del motor o el habitáculo, un grabador ocupa mucho espacio. La única solución fue colocarlo entre las piernas del piloto. Complicado, ya que los grabadores resisten mal las fuerzas de los monoplazas, y estos debían rodar en sesiones de 15 o 20 minutos a buen ritmo.

La situación era delicada. Esos motores se diseñaron hace más de tres décadas para máximo rendimiento

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