Hemos esperado años para que los televisores 8K conquisten el mercado. Está claro que seguiremos aguardando sentados

BlogFebruary 7, 2026

En la década de 1980, en las películas de Indiana Jones, apenas se podía distinguir una barba de varios días, ya que en las cintas VHS solo aparecía como una sombra vaga. Aquellos que hemos vivido épocas pasadas recordamos tiempos en los que la resolución de las imágenes era algo casi místico y desconocido.

Me bastaba con la calidad de video de las cintas VHS de ‘Los Goonies’ o ‘Indiana Jones y el Arca Perdida’, y era feliz jugando en mi C64 con sus 320×200 píxeles, o disputando partidos de ‘Match Day II’ con mi hermano, donde nos divertíamos y discutíamos como si estuviéramos en el último FIFA EA Sports FC.

Más tarde, las cosas avanzaron y nos dimos cuenta de la importancia de la resolución. Descubrimos que los DVDs, con su resolución de 720×576 (en el sistema PAL utilizado en España, mientras que en EE.UU. el NTSC llegaba solo a 720×480), parecían el futuro hasta que ese futuro quedó atrás con la llegada de las resoluciones HD Ready (720p) y, especialmente, Full HD (1080p). De pronto, era obvio que Harrison Ford no se había afeitado.

En Xataka: He utilizado un monitor 6K de 32 pulgadas. Ahora comprendo por qué la resolución es más crucial que nunca.

Ahí es donde el asunto se volvió realmente serio. Tanto es así que, hoy en día, la resolución Full HD sigue siendo un estándar de facto en la industria, aunque ha pasado a un segundo plano en muchos campos con el surgimiento, la popularización y el auge de la resolución 4K. A Harrison no solo se le veía la barba incipiente, sino incluso los poros de la piel. Eso era (y es) maravilloso y un tanto inquietante: ya no existía ese efecto “belleza” implícito y cruel de las resoluciones bajas y antiguas. A Indiana, como a todos los demás, se les veían todos los detalles, para bien o para mal.

La industria, que a menudo acierta al pensar que más es mejor, quiso entonces ofrecer un nuevo avance. Las 4K ya no bastan, señores: es hora de pasar a la resolución 8K. Se estableció el estándar, los fabricantes empezaron a incluirlo en algunos modelos, y los usuarios, que anticipaban otra revolución visual como la del 4K, se toparon con la realidad.

Aquello no era necesario.

La insoportable ligereza de la resolución 8K

El golpe de realidad llegó de manera irregular pero clara. Los estudios indicaban que la mejora en la calidad de imagen no era particularmente notoria, y las demandas en términos de capacidad de transmisión de datos o almacenamiento eran tan altas que la distribución de contenidos 8K se ha convertido en una demostración perpetua. Apenas hay ejemplos decentes que justifiquen visualmente ese salto, y ninguno que respalde su viabilidad práctica.

El mercado de televisores 8K es prácticamente inexistente. Fuente: Omdia.

En los últimos tiempos, esta realidad se ha hecho cada vez más evidente. Como señalaban en FlatpanelsHD, TCL ya empezó a abandonarlos, y LG Display hizo lo mismo. Samsung es el único gran fabricante que, por algún motivo inexplicable, sigue defendiendo este mercado, pero ni LG ni Sony —recientemente cedida a TCL— apuestan ya por él.

Las ventas de estos televisores alcanzaron su punto máximo en 2022, pero desde 2015 se han vendido solo 1,6 millones de estas TV, cuando según Omdia hay “cerca de 1.000 millones de TV 4K en uso”.

El fracaso del 8K ha sido completo en todos los aspectos. El mundo de los videojuegos era uno de los que más sugerían que esta resolución podría tener sentido, pero estamos en 2024 y, aunque contamos con las tarjetas gráficas más potentes de la historia, ejecutar un juego a 8K y 60 fps es casi una utopía para la gran mayoría de los usuarios. Y si no, que se lo pregunten a la PS5.

No solo eso: lograr jugar a 4K@60 ya es un logro en sí mismo en juegos AAA. Y mejor no mencionar el streaming de contenidos: disfrutarlos en 4K incluso con el ancho de banda disponible no es la norma, y acceder a streaming 8K plantea demasiados desafíos y pocas (o ninguna) ventaja práctica.

La matriz de la distancia mínima recomendada para ver una pantalla de cierto tamaño y con cierta resolución. Fuente: Universidad de Cambridge.

Y no es solo eso: como mencionábamos, es muy difícil apreciar las diferencias con el video 4K. Un estudio de la Universidad de Cambridge publicado en Nature reveló que solo podríamos notarlas si tuviéramos una tele de 50 pulgadas a un metro de distancia.

Todo conspira en contra de la resolución 8K, y aunque en el futuro eso podría cambiar sin duda, el interés por este tipo de contenidos y televisores parece haberse desvanecido.

Dudo que a Harrison Ford le importe. A mí, desde luego, no me afecta.

En Xataka: China ya tiene su propia alternativa a las interfaces HDMI y DisplayPort: se llama GPMI y alcanza los 192 Gbps.

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