
Para el 99% de las personas en el mundo, el sueldo representa la fuente principal de ingresos y riqueza, ya que es su única forma mayoritaria de obtener ganancias. No obstante, según información de una de las gestoras de renta fija más grandes, el porcentaje de los salarios en la riqueza total global ha alcanzado sus niveles más bajos en la historia, mientras que el capital financiero se lleva la porción mayoritaria.
Esta desigualdad no surge por azar y aclara por qué la economía puede expandirse al mismo tiempo que numerosos trabajadores luchan por cubrir sus gastos mensuales.
Un claro caso de este patrón se observa en los datos del Economic Policy Institute, actualizados hasta enero de 2026. Entre el último trimestre de 1979 y el tercero de 2025, la productividad en Estados Unidos creció un 90,2%, pero la remuneración por hora solo aumentó un 33,0% en ese lapso. Esto indica que el avance en productividad ha sido 2,7 veces superior al de los salarios, creando una diferencia que favorece a las corporaciones, directivos de alto nivel y accionistas, pero no a los empleados de base en esas mismas organizaciones.
Los registros del Banco de la Reserva Federal de St. Louis ofrecen otro ejemplo revelador. Desde finales de la década de 1970, la proporción de salarios respecto al PIB en Estados Unidos ha disminuido de manera constante, excepto durante crisis mundiales graves: en los años 2000 con la burbuja de las puntocom, y en 2020 con la pandemia de COVID-19. En resumen, los salarios han perdido terreno en la riqueza nacional durante décadas.
La participación de los ingresos laborales ha bajado de alrededor de dos tercios del PIB global a inicios de los años 80, a un 52,4% del PIB global en la actualidad, el registro más bajo según la Organización Internacional del Trabajo. De acuerdo con esta entidad, si los trabajadores obtuvieran la misma proporción de salarios en relación con el PIB que en 2004, los ingresos salariales mundiales aumentarían en 2,4 billones adicionales.
Esta disparidad se origina principalmente porque la economía valora más los retornos del capital que el trabajo humano (salarios), con empresas centradas en generar ganancias rápidas para accionistas en vez de elevar las remuneraciones.
En tiempos recientes, el avance de la inteligencia artificial ha empezado a ampliar esta brecha al automatizar labores en posiciones iniciales. Estudios de la Universidad de Navarra revelaron que la introducción de ChatGPT (y otros modelos LLM) redujo los salarios en empresas altamente expuestas a la IA hasta en un 4,5% en promedio, en comparación con firmas menos afectadas por la automatización.
El impacto en los sueldos fue más pronunciado entre empleados junior, que experimentaron una caída del 6,3% en sus remuneraciones iniciales y una disminución del 4% en las ofertas laborales, mientras que los trabajadores senior vieron una reducción promedio del 5,9% en sus niveles salariales.
Desde PIMCO señalan que las compañías emplean capital intangible como software y datos (incluyendo IA) para expandir los beneficios sin necesidad de más personal. Esta desconexión de la fuerza laboral está debilitando el poder de negociación de los empleados, al tiempo que la IA motiva a las empresas a controlar los costos salariales para maximizar los dividendos.
Desde los años 90, elementos como la globalización, la disminución en la influencia de los sindicatos y la concentración de capital en grandes corporaciones han erosionado la porción laboral de los ingresos. Tiffany Wilding, economista de PIMCO, afirmó: “Empezando con computadoras y software, y ahora incorporando automatización e inteligencia artificial, las herramientas tecnológicas reemplazan fácilmente a la mano de obra de nivel medio y cada vez más calificada”.