Estados Unidos detectó una anomalía subterránea inexplicable y ahora acusa a China de activar el botón nuclear

BlogFebruary 9, 2026

Durante la Guerra Fría, incluso en los períodos de mayor tensión nuclear, Washington y Moscú seguían una norma implícita: cualquier prueba debía ser conocida por el mundo. Las detonaciones funcionaban como mensajes políticos además de pruebas militares, destinadas a ser observadas, evaluadas y, sin duda, temidas. Por esta razón, el concepto de explosiones tan mínimas que apenas generan ondas sísmicas, y de experimentos diseñados para pasar desapercibidos, provoca una gran preocupación.

Estados Unidos acaba de imputar a China precisamente por eso.

Una denuncia sin precedentes

Esto sucedió el viernes pasado, cuando Estados Unidos culpó a China de haber llevado a cabo al menos una prueba nuclear con potencia explosiva en 2020, y de estar preparándose para otras de bajo rendimiento. La denuncia se presentó en Ginebra por medio del subsecretario Thomas DiNanno, justo en el momento en que se derrumba el esquema tradicional de control de armamentos después de la caducidad del New START.

De acuerdo con Washington, Pekín habría empleado métodos de desacoplamiento para atenuar las ondas sísmicas y disimular explosiones bajo tierra. Se trata de una imputación con un gran impacto político, ya que rompe con la ambigüedad anterior y menciona por primera vez una fecha específica: el 22 de junio de 2020, en medio de discusiones sobre si Estados Unidos debería retomar la posibilidad de probar armas nucleares nuevamente.

El umbral ambiguo

El contexto técnico y jurídico es esencial para comprender la disputa, dado que tanto China como Estados Unidos han firmado, pero no ratificado, el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Esto permite experimentos subcríticos sin una reacción nuclear autosostenida, pero impide cualquier detonación con un rendimiento cuantificable.

Washington afirma que Pekín habría sobrepasado ese límite con pruebas de muy bajo poder, complicadas de identificar, mientras que la entidad responsable de la verificación, la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, indica que su sistema no registró ningún suceso compatible con una explosión nuclear en esa fecha. Esto resalta la debilidad de un mecanismo de supervisión que nunca se implementó completamente.

Lop Nur, satélites y un crecimiento discreto

Lo hemos mencionado en otras ocasiones. Las sospechas de Estados Unidos se basan también en fotografías satelitales y evaluaciones de inteligencia que indican una actividad intensa en el sitio histórico de Lop Nur, con nuevas excavaciones, túneles y perforaciones que podrían usarse tanto para pruebas subcríticas como para detonaciones de mayor escala.

Este desarrollo se alinea con la expansión acelerada del arsenal chino, que ya excedería las 600 ojivas nucleares y podría llegar a mil antes de 2030, lo que fortalece la visión en Washington de que el principal reto estratégico ya no es Moscú, sino un Pekín con la capacidad y la determinación de desafiar la supremacía militar estadounidense.

Un panorama renovado de competencia nuclear

La acusación de Washington viene con un mensaje político explícito: sin restricciones obligatorias, transparencia ni sistemas de verificación que involucren a China, el marco heredado de la Guerra Fría deja de ser útil, y Estados Unidos se reserva la opción de tomar “medidas equivalentes”, incluida la reanudación de pruebas, si percibe que otros participantes incumplen las normas.

Pekín niega rotundamente las imputaciones, defiende su moratoria y su política de no uso inicial, pero el mero enfrentamiento verbal revela un cambio de etapa, uno con el peligro de que el fin del New START y la desconfianza recíproca abran la vía a una nueva competencia nuclear donde las detonaciones pequeñas, casi indetectables, puedan generar repercusiones estratégicas masivas.

Imagen | CCTV

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