
La Unión Europea ha revelado la apertura de un nuevo centro de investigación enfocado en el desarrollo y la producción de semiconductores. Este proyecto, denominado NanoIC, aspira a ser uno de los elementos clave del programa Chips Act de Europa.
El presupuesto total alcanza los 2.500 millones de euros, con 700 millones provenientes de fondos de la UE. Otros 700 millones serán aportados por gobiernos regionales y nacionales, mientras que el resto lo proporcionarán ASML y otros colaboradores industriales.
En esencia, el proyecto representa una ampliación de las instalaciones de Imec en su sede de Lovaina, cerca de Bruselas. Esta entidad no produce chips comerciales, sino que funciona como un “laboratorio” donde compañías competidoras como Intel, Samsung o TSMC trabajan juntas para diseñar los chips del futuro.
Se incluye una nueva sala limpia de 2.000 metros cuadrados que, entre otras funciones, albergará el escáner High NA EUV de nueva generación de ASML, previsto para llegar a mediados de marzo. La superficie total de las salas limpias de Imec suma 12.000 metros cuadrados, y la organización afirma que esto la posiciona como un componente central de la estrategia del Chips Act. Imec planea construir pronto otra sala limpia de 4.000 metros cuadrados en el mismo campus de Lovaina.
El director ejecutivo de ASML, Christophe Fouquet, resaltó el rol principal que su compañía ha logrado gracias a sus máquinas para fabricar semiconductores, las únicas en el mundo capaces de producir los chips más avanzados actualmente. Como él lo expresó, estas son las máquinas “que todo el mundo querría tener”.
No le falta razón: en la actualidad, Estados Unidos es un aliado comercial clave pero carece de tecnología propia comparable, y China ha estado intentando desarrollar máquinas de ultravioleta extremo, aunque por el momento se mantiene rezagada en esa competencia. Por supuesto, Europa depende de Estados Unidos y China en muchos otros aspectos, pero ASML representa claramente una ventaja tecnológica para los intereses europeos.
La vicepresidenta de la Comisión Europea, Henna Virkkunen, señaló en una entrevista con Politico que “es cierto que contamos con algunas tecnologías clave, como ASML, de las que todos dependen a nivel global”. Aclaró, sin embargo, que la UE no tiene planes de usar eso como arma en posibles negociaciones, “pero es importante reconocer que poseemos esas fortalezas que otros no tienen”.
Estas declaraciones buscan contrarrestar la percepción de que Europa depende completamente de la tecnología estadounidense, mostrando que el continente también cuenta con sus propias herramientas para negociar.
Se anticipa que la UE prepare una segunda Chips Act, que se presentaría a finales de marzo y se diferenciaría claramente de la primera. En vez de ser una respuesta de emergencia, se enfocaría en un proyecto que convierta a Europa en una región competitiva a nivel tecnológico.
La iniciativa es notable, pero enfrenta retos significativos. Se trata de un centro de investigación, por lo que su escala y presupuesto no se comparan con las inversiones en centros de datos realizadas por las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos. Además de eso, hay un factor aún más crucial: el talento. Europa necesita capacitar y atraer suficientes ingenieros para operar estos centros y llevar a cabo el trabajo allí, en lugar de en empresas o instalaciones competidoras en otras regiones, incluyendo Estados Unidos y China.