
¿Qué hace un hueso de elefante de más de 2.000 años en un sitio arqueológico en Córdoba, rodeado de munición para catapultas y flechas similares a las de los escorpiones? Esta es la cuestión que un grupo de investigadores ha estado analizando durante años, y ahora han publicado un artículo intrigante en una de las revistas arqueológicas más prestigiosas del mundo.
En el estudio, sugieren que este misterioso hueso de proboscídeo, descubierto por casualidad en Andalucía, podría ser la primera evidencia directa de los elefantes de guerra utilizados por el general cartaginés Aníbal Barca.
Una pregunta similar debieron plantearse los arqueólogos en 2019, cuando, durante una excavación de emergencia para expandir el Hospital Provincial de Córdoba, hallaron un fragmento óseo peculiar. La pieza no era más grande que una pelota de béisbol (mide entre 15 y 8 cm), mantenía su porosidad y aparecía bajo lo que parecía un muro de adobe derruido del siglo III a.C., lo que probablemente ayudó a su conservación.
Encontrar un hueso durante una excavación, incluso uno antiguo, no es inusual. Sin embargo, este fragmento tenía varias sorpresas. La primera era su edad: 2.250 años. La segunda, y más intrigante, era su origen: se trata del hueso carpal de un elefante, algo equivalente a la ‘muñeca’ de un proboscídeo que, por razones desconocidas, terminó en la península Ibérica.
El descubrimiento fue tan cautivador y abrió posibilidades tan prometedoras que en 2023 ya atrajo atención más allá de los círculos académicos. En septiembre de ese año, Rafael Martínez, profesor de Prehistoria en la Universidad de Córdoba, comentó a El País el entusiasmo alrededor del hueso.
“Posee un gran interés dada la casi total ausencia de restos de elefantes en contextos prerromanos en Europa, excluyendo objetos de marfil que fueron comercializados e importados”, explicó con entusiasmo. “En cualquier caso, este modesto hueso puede interpretarse como evidencia de la presencia de estos animales en las cercanías de la actual Córdoba entre los siglos IV y II a.C.”
En ese momento, el profesor ya proponía una hipótesis cautivadora: “Podría corresponder al período de las Guerras Púnicas. Podría ser el primer elefante descubierto de las tropas de Aníbal, pero no se puede confirmar”. Aún quedaban muchas dudas sobre la mesa, como su cronología: se estimaba que el animal había muerto entre finales del siglo IV y el I a.C., un rango amplio que dejaba abiertas varias opciones. ¿Pertenecía el hueso a un elefante púnico o era más adecuado situarlo en la época de Julio César?
Aunque el hueso es pequeño, los científicos han enfrentado desafíos para analizarlo. Para empezar, determinar su especie no fue sencillo. Tras un examen minucioso, concluyeron que debía tratarse de un ejemplar grande, mayor que las hembras de elefante asiático. Específicamente, piensan en un Loxodonta pharaoensis (el elefante cartaginés), una subespecie africana que se extinguió en la época romana. Este nombre podría no sonar familiar, pero son los animales que Aníbal usó para cruzar los Alpes.
Una vez aclarada (aproximadamente) la especie, quedaba pendiente la antigüedad. El hueso representó un reto porque no contenía suficiente colágeno y tampoco se había fosilizado. Aun así, un estudio reveló que el fragmento data de entre finales del siglo IV y comienzos del III a.C. Live Science detalla que el estrato donde se encontró (parte de un poblado ibero fortificado conocido como oppida) se remonta a aproximadamente 2.250 años, a inicios del siglo III a.C.
Este dato es crucial porque nos lleva a una era anterior a la fundación de la Córdoba romana y a los turbulentos tiempos de la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), cuando Cartago y Roma competían por el control del Mediterráneo.
Sí, y son igual de relevantes. En el yacimiento no solo se halló el hueso, protegido por un muro de adobe derruido. Los arqueólogos también descubrieron más de una decena de bolaños, pequeños proyectiles usados con catapultas, y parte de lo que parece ser una lanza. Estos elementos ayudan a completar la historia y a entender mejor el sitio, como reconocen los investigadores en el Journal of Archaeological Science Reports.
“El nivel de destrucción se ajusta bien a un patrón emergente de eventos asociados con la Segunda Guerra Púnica, algunos de los cuales están documentados en fuentes literarias y otros no, abarcando tanto contextos de guerra de asedio como de batallas en campo abierto”, explican en declaraciones a Phys.
Por las implicaciones que conlleva. En su artículo, Martínez y sus colegas señalan que el hallazgo parece “íntimamente ligado a los acontecimientos de la Segunda Guerra Púnica en Hispania” y proponen una idea clave: “Este puede representar el primer elemento anatómico conocido de un elefante empleado por las tropas púnicas en esta guerra en Europa”.
Si tienen razón, estaríamos ante un descubrimiento de primer orden: el hueso de uno de los elefantes de las tropas de Aníbal en la Segunda Guerra Púnica.
“Podría ser un hito histórico. No existe ningún testimonio arqueológico directo del uso de estos animales”, aclara Martínez a Live Science. La campaña liderada por Aníbal a través de Europa Occidental en su ataque a Roma y el empleo de elefantes como “máquinas de guerra” durante las Guerras Púnicas es un episodio muy conocido, pero las pruebas directas y tangibles no abundan.
El cruce de los Alpes lo conocemos gracias a historiadores como Polibio o Tito Livio, pero la evidencia arqueológica más sólida hasta ahora son indicios. Eso podría cambiar con este hallazgo, aunque por ahora el descubrimiento en Córdoba genera algunas preguntas pendientes. ¿Cómo murió el elefante? ¿Falleció durante una batalla en el poblado? ¿Qué ocurrió con el resto del esqueleto?
Una posibilidad que consideran los autores es que el pequeño hueso se conservara como un ‘recuerdo’ o incluso un trofeo transportado desde otro lugar, aunque esto es cuestionable debido al escaso valor simbólico de la pieza.