
El domingo 8 de febrero de 2026, Bad Bunny marcó un hito sin precedentes en la historia de la Super Bowl al ser el primer artista latino en solitario que encabezó el espectáculo de medio tiempo, con una presentación casi completamente en español que alcanzó a más de 100 millones de espectadores. Solo unas horas más tarde, el músico puertorriqueño eliminó todo su contenido de Instagram, dejando a sus más de 51 millones de seguidores con un perfil totalmente vacío. Las especulaciones surgieron de inmediato.
El espectáculo de unos 13 minutos de Bad Bunny transformó el intermedio en un tributo visual a Puerto Rico. El artista comenzó caminando por campos de caña de azúcar, pasó por una feria callejera boricua e incluyó La Casita, la emblemática casa rosa tradicional puertorriqueña que se ha convertido en un elemento característico de sus shows. Sobresalieron la fluidez de la cámara, la diversidad de temas, las apariciones inesperadas de Lady Gaga y Ricky Martin, o invitados como Pedro Pascal o Jessica Alba.
La selección del Levi’s Stadium en Santa Clara, California, como sede para la mayor celebración de la cultura latina en la historia del Super Bowl adquiere un matiz irónico en el contexto de 2026: California enfrenta uno de los periodos más intensos de enforcement de leyes migratorias en décadas. Los arrestos por inmigración en San Diego aumentaron un 1.500% en comparación con el año anterior. Por ello, el entorno político que envolvió la actuación resultó particularmente tenso.
En octubre de 2025, al anunciarse la presentación, la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem declaró en un podcast conservador que ICE estaría “por todas partes” en la Super Bowl y que “solo deberían asistir estadounidenses respetuosos de la ley que aman este país”. La administración Trump había intensificado las redadas en ciudades californianas mientras el artista puertorriqueño expresaba públicamente su temor de que “el maldito ICE pudiera estar afuera” de sus conciertos, motivo por el cual canceló varios en territorio continental estadounidense y se enfocó en su residencia. Bad Bunny concluyó su show con un cartel luminoso que decía “The only thing more powerful than hate is love” (Lo único más poderoso que el odio es el amor).
Debí tirar más fotos, el último álbum del artista, ha sido descrito como “un grito de resistencia” para los puertorriqueños en todas partes: se centra en preservar una cultura en riesgo de desaparecer. Se grabó completamente en Puerto Rico con colaboradores exclusivamente de allí. El cortometraje de 13 minutos que acompañó el lanzamiento del álbum explora temas de pérdida, desplazamiento y el desvanecimiento de la identidad cultural. La mascota del proyecto es un sapo en peligro de extinción. Y canciones como Lo que le pasó a Hawaii abordan temas como la gentrificación.
Esta carga política no es nueva en la carrera del artista. En julio de 2019, interrumpió su gira europea para regresar a Puerto Rico y unirse a las protestas masivas que exigían la renuncia del polémico gobernador Ricardo Rosselló. En 2020, visibilizó en The Tonight Show el asesinato de Alexa, una mujer trans puertorriqueña. La actuación en la Super Bowl no fue un evento aislado sino la continuación de una narrativa construida meticulosamente a través de múltiples plataformas. La coherencia visual (La Casita, las banderas, la estética) sirve como recordatorio constante de que cada presentación es un capítulo del mismo proyecto: la representación panlatina en tiempos de adversidad.
El vaciado del perfil de Instagram de Bad Bunny solo horas después de su actuación en la Super Bowl no representa una ruptura con su estrategia de comunicación, sino su confirmación. En 2022, antes del lanzamiento de Un verano sin ti, usó la misma táctica para generar expectativa. Ese álbum se convirtió en el disco en español más exitoso de la historia. En 2023 repitió el procedimiento tras su gira mundial, anunciando un periodo de pausa. La diferencia en 2026 reside en el contexto político que rodea el evento.
Mientras que los borrados anteriores funcionaban principalmente como preludio de nuevos lanzamientos musicales, este ocurre inmediatamente después de la actuación más politizada de su carrera, que ha incluido críticas de Trump y amenazas de la secretaria Noem. A diferencia de maniobras similares que ya hicieron Taylor Swift o Beyoncé, con esto Bad Bunny prosigue la construcción de su proyecto transmedia, cuyo siguiente paso es una gira mundial que llevará el mensaje a Australia, Japón o España, entre otros destinos. Cada plataforma (el álbum, el escenario, las redes sociales) se convierte en capítulo de una historia sobre identidad latina que trasciende lo meramente comercial.