
China continúa expandiendo sus instalaciones de generación eléctrica a un ritmo acelerado, un hecho bien conocido. En los últimos cuatro años, ha logrado igualar la capacidad de la red eléctrica de Estados Unidos, que es la más extensa en Occidente. Gran parte de este avance se debe a la energía solar. De hecho, en 2023, instaló más paneles solares que Estados Unidos en toda su historia, según informa Bloomberg.
La energía solar demanda amplias áreas, por lo que China está utilizando espacios diversos, desde la meseta tibetana hasta el mar abierto. Desde finales de 2025, una megaplanta solar en el océano ya se encuentra conectada a la red eléctrica y establece nuevos récords. En China, los paneles solares aparecen en los lugares más inesperados.
Se trata de la instalación solar ubicada frente a la costa del distrito de Kenli, en la ciudad de Dongying, provincia de Shandong. Este proyecto de ingeniería está a cargo de China Energy Investment Corporation (CHN Energy) y cuenta con una capacidad nominal de 1 GW. Como detalla People’s Daily, el periódico oficial del Comité Central del Partido Comunista de China, es el primer proyecto fotovoltaico marino de nivel gigavatio en el país y, en la actualidad, la planta solar en mar abierto más grande del mundo.
El terreno disponible en tierra firme cerca de las grandes ciudades costeras es un recurso valioso. El gobierno chino mantiene una política de línea roja para proteger las tierras agrícolas y abordar la “Línea Hu Huanyong”: mientras que el mayor potencial solar y eólico se encuentra en el oeste, en el desierto del Gobi y el interior de Mongolia, las megaciudades y el sector industrial más robusto están en el este.
China ya está desarrollando parques de energías renovables en sus desiertos, pero instalar líneas de ultra alta tensión resulta costoso, genera pérdidas durante el transporte y cruza terrenos complicados. La alternativa lógica, aunque técnicamente desafiante, implica adentrarse en el agua. Hasta ahora, la energía solar flotante se restringía a aguas calmadas, como en el caso de Alemania con sus lagos, pero el enfoque de China es diferente. El mar abierto presenta problemas como la corrosión por sal, tifones y olas.
Las provincias costeras de China, como Shandong o Jiangsu, son importantes centros de consumo industrial. Generar energía en el lugar evita las pérdidas asociadas al transporte desde miles de kilómetros, como desde el desierto del Gobi. Si opera dentro de los parámetros de diseño previstos y los costos de mantenimiento son manejables, representará un impulso clave para utilizar las costas en la transición energética de los combustibles fósiles a las renovables.
El proyecto abarca una superficie de más de 1.200 hectáreas, donde se instalan 2.934 paneles fotovoltaicos marinos de gran tamaño, con dimensiones estandarizadas de 60 metros de largo y 35 metros de ancho. No se trata de paneles flotantes al azar: es una infraestructura masiva diseñada para resistir condiciones extremas, desde tormentas hasta la congelación del agua.
Además, está integrada de manera híbrida: debajo de los paneles, el proyecto incorpora piscifactorías, lo que permite producir electricidad en la superficie y criar peces en la parte inferior. Esta combinación no es novedosa, ya que en la provincia de Guizhou existe una planta solar gigante donde se cultivan setas debajo. El caso de Shandong es acuivoltaica, mientras que el de Guizhou es agrivoltaica.
La capacidad instalada de 1 gigavatio equivale a la de un reactor nuclear moderno. Según las estimaciones, generará 1.780 millones de kWh de energía al año para la red, lo que abastecerá a 2,6 millones de hogares en la región, cubriendo aproximadamente el 60% de su demanda. De acuerdo con las proyecciones de la empresa de ingeniería responsable, se evitará la emisión de 1,3 millones de toneladas de dióxido de carbono.