Dubái sigue el camino de Neom con un proyecto que reta los límites arquitectónicos: pavimentar sus vías con oro auténtico

BlogFebruary 7, 2026

La arquitectura y el diseño urbano han experimentado frecuentemente con materiales inusuales, que representan riqueza o avances técnicos extremos, a menudo para transmitir ideas de poder, innovación o exclusividad. Algunos de estos esfuerzos han triunfado y se han convertido en emblemas, mientras que otros han servido como lecciones de precaución.

Dubái se ha sumado recientemente a esta tradición, aunque aún no se sabe si resultará en un éxito o en una advertencia.

El refrán se hace realidad. Dubái ha optado por materializar una expresión común sobre la ciudad, al anunciar la creación de una calle pavimentada literalmente con oro en el futuro Dubai Gold District.

El plan, revelado a finales de enero, aprovecha intencionalmente el simbolismo del oro como elemento central en la identidad económica, cultural y turística del emirato. Sin embargo, todavía no se ha especificado si el material se empleará de manera estructural, decorativa o simbólica, un aspecto fundamental que permanece indefinido y que es crucial al revisar la historia de la arquitectura.

Bañar ciudades en “oro”

En la Antigüedad y la Edad Media, el equivalente al “oro urbano” implicaba el empleo extenso de materiales preciosos en espacios públicos. En Roma, las avenidas y plazas imperiales se cubrieron con mármoles traídos de todo el Mediterráneo, no por razones prácticas, sino para demostrar control económico y logístico.

Durante el período barroco, importantes ejes urbanos en París o Madrid integraron piedra de gran calidad y ornamentación elaborada para transformar la ciudad en un escenario constante de autoridad. No era oro real, por supuesto, pero sí una exhibición material intencionada.

Locura técnica y ciudad futurista

En el siglo XIX surgió el entusiasmo por materiales “imposibles”. El Crystal Palace, edificado casi por completo con hierro y vidrio, parecía una extravagancia técnica para su tiempo: enorme, aparentemente delicado y totalmente innovador en su diseño. Tuvo éxito, pero también reveló vulnerabilidades, como su extrema susceptibilidad al fuego, que lo destruyó décadas más tarde. Representó un triunfo simbólico y un fracaso práctico a largo plazo.

El siglo XX abunda en iniciativas aún más osadas. Un caso destacado es Brasilia, diseñada como una ciudad futurista construida desde cero, con avenidas grandiosas orientadas al automóvil y edificios de hormigón escultóricos. El resultado impresionaba desde el cielo, pero generaba desorden en la vida diaria: distancias vastas, dependencia absoluta del vehículo y espacios poco amigables para las personas. No falló por completo, pero ilustró cómo la grandiosidad puede conflictuar con la funcionalidad real. Otro ejemplo reciente involucra la John Hancock Tower, que apostó por una fachada de cristal.

El desenlace fue desastroso.

Y Neom

Por supuesto, pocos proyectos han sido tan exagerados en años recientes como Neom, la ciudad futurista que podría quedar solo en planos, tal vez para usarse en alguna película. Es un caso de ambición excesiva que choca con restricciones logísticas, económicas y prácticas de la realidad.

El oro como identidad económica

En cualquier caso, la nueva calle de Dubái formará parte de la renovación del histórico Gold Souk en Deira, una zona que ya alberga alrededor de mil comerciantes dedicados al oro y la joyería.

El anuncio no es fortuito: Emiratos Árabes Unidos es uno de los principales centros mundiales para el comercio físico de oro, con exportaciones anuales por decenas de miles de millones de dólares. Dubái ha capitalizado esta posición durante años como parte de su narrativa de prosperidad, estabilidad y oportunidades económicas sin impuestos directos sobre los salarios.

Arquitectura como reclamo

La “calle de oro” se alinea con una estrategia más amplia, similar a la de Neom, centrada en generar hitos extremos que garanticen atención global y un flujo continuo de turistas.

Rascacielos récord, ruedas de la fortuna gigantes, piscinas profundas, islas artificiales o calles con control climático forman parte de una lógica evidente: proporcionar experiencias únicas o difíciles de igualar en otros sitios, incluso si su utilidad diaria es secundaria en comparación con su valor como espectáculo urbano.

Entre icono y exceso

Como se mencionó, estos proyectos conllevan riesgos. La historia reciente de la arquitectura en Oriente Medio muestra que la ambición descontrolada puede toparse con barreras técnicas, financieras o prácticas, lo que transforma algunas ideas en versiones atenuadas de lo prometido o en símbolos de expectativas infladas.

El factor decisivo, como en otros experimentos urbanos radicales, será si la calle de oro se convierte en un componente funcional y perdurable o si termina como un truco publicitario diseñado más para fortalecer la imagen de Dubái que para mejorar la vida urbana.

El mensaje

Más allá del material, esta vía dorada representa una declaración de principios: Dubái continúa invirtiendo en arquitectura hiperbólica como medio para expresar poder, riqueza y singularidad.

No se trata solo de edificar, sino de narrar una historia donde el exceso es parte del encanto. Y como ha sucedido en otras ocasiones históricas, queda por verse si esta iniciativa se transforma en un icono perdurable o en otro caso de cómo una ciudad puede priorizar el simbolismo sobre la lógica urbana.

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