“El costo del dinero chino”: Perú entregó las llaves de una enorme puerta a China, que EE.UU. ahora busca sabotear

BlogFebruary 13, 2026

Por muchos años, Chancay funcionó como un puerto secundario en la costa central de Perú, enfocado en exportaciones regionales y con un rol limitado en el comercio global. Todo eso cambió a inicios de la década de 2010, cuando el proyecto se convirtió en una megaconstrucción diseñada para acoger los buques más grandes del mundo, un avance que se completó con la inversión china y la inauguración de una obra destinada a redefinir el papel del país en el comercio del Pacífico.

Una entrada masiva al Pacífico

Perú se ha posicionado ahora como un escenario clave en la competencia entre China y Estados Unidos por un motivo específico: el megapuerto de Chancay, una infraestructura de aguas profundas ubicada al norte de Lima que sirve como conexión directa entre Sudamérica y Asia, elevando al país andino de un simple socio comercial a un elemento estratégico.

Con la capacidad de recibir los mayores buques de carga del planeta y agilizar el transporte de materias primas hacia China, este puerto representa cómo una instalación logística puede modificar los equilibrios regionales y colocar a una nación en el centro de una disputa entre superpotencias.

La advertencia explícita

Desde el Departamento de Estado en Washington, la administración de Donald Trump describió este caso como un ejemplo de cómo el “dinero chino barato” puede debilitar el control nacional sobre infraestructuras críticas, una crítica inusualmente fuerte al indicar que Perú podría estar cediendo soberanía sobre una de sus instalaciones clave, tras un fallo judicial que restringe la capacidad del regulador nacional para supervisar Chancay.

Para Estados Unidos, el mensaje es directo: el dinero chino, ofrecido como asequible y rápido, conlleva un precio político a largo plazo. Este situación se ha transformado en un ejemplo de la estrategia estadounidense para contener la expansión de la influencia china en el hemisferio occidental y recuperar posiciones en una región considerada esencial para su seguridad y liderazgo global.

China y la Iniciativa de la Franja y la Ruta en América Latina

Como se ha reportado anteriormente, para Pekín, Chancay representa una pieza fundamental de su Iniciativa de la Franja y la Ruta, el ambicioso proyecto mediante el cual ha financiado puertos, carreteras y aeropuertos en todo el mundo a través de créditos y garantías estatales.

China ha sido el principal socio comercial de Perú por más de una década y ha invertido de manera significativa en sectores estratégicos como la minería, la electricidad y el transporte, fortaleciendo una relación económica profunda que trasciende un solo puerto y consolida su presencia en el Pacífico latinoamericano.

El fallo judicial

El detonante del conflicto ha sido la decisión de un tribunal peruano que ordena a las autoridades abstenerse de regular, supervisar o sancionar las operaciones del puerto de Chancay, al clasificarlo como una instalación privada.

El regulador Ositran, que supervisa el resto de los grandes puertos del país, ha denunciado que esta exención deja desprotegidos a los usuarios y establece un precedente riesgoso, al permitir que la empresa operadora sea la única en brindar un servicio público sin supervisión directa del Estado. El organismo ya ha anunciado que apelará la resolución.

Cosco, soberanía y límites críticos

La compañía china Cosco Shipping, accionista mayoritaria y operadora del puerto, ha rechazado cualquier sugerencia de pérdida de soberanía y afirma que Chancay permanece completamente bajo la jurisdicción peruana y sujeta a sus leyes, con presencia de policía, aduanas y autoridades ambientales.

Para China, las acusaciones de Estados Unidos son una maniobra política y una campaña de descrédito, mientras que para Washington el problema no es solo legal, sino estratégico: quién ejerce el control efectivo sobre la principal entrada de Sudamérica al comercio transpacífico.

Perú en medio de dos superpotencias

El país se encuentra en una situación delicada, con China como su principal socio comercial y Estados Unidos como aliado estratégico y socio militar, incluso designado como aliado principal no perteneciente a la OTAN. Mientras Washington negocia la construcción de una base naval a pocos kilómetros de Chancay, Pekín fortalece su influencia económica en torno al mismo sitio.

El resultado es una nación atrapada en una batalla geopolítica más amplia, donde una infraestructura portuaria se ha convertido en el símbolo de una elección complicada: capitalizar una oportunidad económica sin que esa enorme puerta al Pacífico termine afectando su soberanía y su capacidad de maniobra internacional.

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