En 1977 cancelaron esta película de Star Trek argumentando que la ciencia ficción carecía de futuro, solo dos semanas antes del estreno de Star Wars

BlogFebruary 15, 2026

El origen

A mediados de los años setenta, Star Trek vivía un momento único en el mundo del entretenimiento. La serie original, que había sido cancelada en 1969 después de tres temporadas con audiencias moderadas, experimentó un renacimiento inesperado. Las retransmisiones repetidas y el fervor de los seguidores (el primer caso de este tipo en la cultura pop) motivaron a Paramount a extender la mitología inicial. En 1976, un anuncio a toda página en The New York Times anunció la producción inminente de una película de Star Trek titulada Planet of the Titans, con el objetivo de explorar nuevos terrenos cinematográficos para la franquicia.

El productor Gerald Isenberg tomó las riendas ejecutivas del proyecto en julio de 1976, con la intención de convertir Star Trek en un gran acontecimiento en la pantalla grande. Para la dirección, Paramount seleccionó a Philip Kaufman, un realizador con un enfoque poco convencional para una saga como esta. Kaufman más tarde dirigiría películas aclamadas como Elegidos para la gloria y se sumergiría en una ciencia ficción diferente con el remake de La invasión de los ultracuerpos en 1978. Para entonces, ya había dirigido el western Sin ley ni esperanza y las aventuras en el Ártico de El amanecer blanco.

Como guionistas, se eligió a Chris Bryant y Allan Scott, autores británicos de la notable y peculiar Amenaza en la sombra. La idea central del proyecto se inspiró en fuentes ambiciosas: Kaufman e Isenberg construyeron la historia basándose en la novela La última y la primera humanidad de Olaf Stapledon, que describe la evolución humana a lo largo de miles de millones de años. Como consultor científico, Paramount contrató a Jesco von Puttkamer, ingeniero de la NASA. Ralph McQuarrie, cuyo trabajo conceptual para Star Wars estaba en desarrollo en ese momento, se encargó de los diseños.

Los conflictos

Las diferencias creativas surgieron con rapidez. Kaufman buscaba crear una película que rivalizara en complejidad visual y filosófica con 2001: Una odisea en el espacio. Gene Roddenberry, el creador de la serie original, defendía su esencia fundamental. Bryant y Scott quedaron en medio de estas visiones opuestas, tratando de equilibrar las aspiraciones artísticas de uno con la lealtad al material original del otro. El presupuesto, que inicialmente era de tres millones de dólares, aumentó a 10 millones.

De qué iba

El Capitán James T. Kirk ha estado desaparecido durante tres años, tras una misión de rescate cerca de un agujero negro. La Enterprise sigue en funcionamiento, pero Spock ha vuelto a Vulcano. Cuando la Flota Estelar detecta emisiones de energía inusuales provenientes del mismo agujero negro donde Kirk se perdió, Spock se une nuevamente. Encuentran un planeta atrapado dentro del agujero negro, que es el legendario hogar de los Titanes, una civilización antigua con tecnología superior a la humana.

El planeta está siendo arrastrado inexorablemente hacia el agujero negro. Spock localiza a Kirk, quien ha sido alterado por años de aislamiento y fuerzas cósmicas. El final planeado era la propuesta más audaz: para huir del colapso, la Enterprise ingresa intencionalmente en el agujero negro y emerge no en su era, sino en nuestra prehistoria. La tripulación se da cuenta de que ellos son los Titanes de la mitología. Kirk representa a Prometeo, el que trae el fuego a la humanidad primitiva. El guion no especifica si la tripulación lograría regresar a su tiempo o quedaría varada, observando el desarrollo gradual de la historia humana que ellos mismos iniciaron.

Kirk is dead

Pero… ¿por qué producir una película donde el icónico Kirk está casi ausente? El contrato de William Shatner con Paramount había vencido, lo que llevó a Bryant y Scott a escribir un primer borrador sin Kirk. Tras varias semanas de labor, el estudio les notificó que se había llegado a un acuerdo y que Kirk debía regresar como protagonista principal. Este cambio requirió una reescritura significativa del material. La situación con Leonard Nimoy era aún más complicada: el actor abandonó el proyecto por un desacuerdo sobre el uso no autorizado de su imagen como Spock en un anuncio de Heineken, aunque al final se resolvió.

La cancelación

Bryant y Scott entregaron su primer guion completo el 1 de marzo de 1977, después de meses de intensas discusiones creativas, pero terminaron abandonando el proyecto. Kaufman se hizo cargo personalmente de reescribir el guion. Su versión enfatizaba el rol de Spock y desarrollaba la interacción con un klingon interpretado por el legendario Toshiro Mifune. Cuando creyó haber encontrado la historia perfecta, se le informó que Paramount había cancelado el proyecto. Esto ocurrió en mayo de 1977, solo diecisiete días antes del estreno de Star Wars. Kaufman siempre recordaría la frase que un ejecutivo del estudio le dijo como motivo de la cancelación: “no hay futuro en la ciencia ficción”.

Por qué se canceló

Varios factores contribuyeron: el aumento de los costos, el miedo a que Star Wars saturara el mercado de ciencia ficción y la percepción de que se habían alejado demasiado de la serie original. Cuando Star Wars recaudó más de 775 millones de dólares en todo el mundo, Paramount propuso Star Trek: Phase II, una serie de televisión pensada como el buque insignia de una nueva cadena de la compañía. Esta también fue cancelada, aunque uno de sus guiones sirvió de base para Star Trek: La película, estrenada en diciembre de 1979.

El legado

Planet of the Titans no fue el primer intento fallido de llevar Star Trek al cine, sino un paso más en una serie de proyectos frustrados que reflejaban la incertidumbre de Paramount sobre cómo explotar la franquicia: hay ejemplos tan conocidos como la legendaria y perturbadora película The God Thing, escrita por el propio Roddenberry en 1975, o los múltiples esfuerzos por reclutar a autores de ciencia ficción para ideas de películas, como ocurrió con Harlan Ellison a finales de los setenta.

Aunque algo de la película perduró tras su cancelación (por ejemplo, los diseños conceptuales se reutilizaron en 2017 para Star Trek: Discovery), esta producción maldita ejemplifica lo que siempre ha representado Star Trek. Muestra que existen más enfoques para la ciencia ficción más allá del espectáculo pulp de Star Wars y, a la vez, confirma lo difícil que resulta lograrlo.

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