
Discutir sobre impuestos en ciertos contextos puede llevar a complicaciones. Incluye elementos como falta de conocimiento en conceptos económicos básicos y su operación, un egoísmo interpretado de forma errónea y la mezcla entre el desagrado por la gestión o por su simple presencia. Uno de los más debatidos es el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas o IRPF. ¿Cuánto IRPF abonamos? ¿Es elevado o bajo? Depende de varios factores.
En términos generales, a nadie le agrada que le “retengan” dinero, y en España es habitual oír que se “retiene” en exceso. Es importante destacar que la mayor parte de los países cuentan con algún impuesto sobre la renta personal similar al IRPF (con excepciones como Mónaco o Kuwait que no lo tienen), por lo que naciones vecinas como Alemania o Francia sí lo poseen, y fuera de la UE, en Estados Unidos existe su equivalente en el Income Tax. A partir de este punto surgen dos preguntas: qué porción de mis ingresos se destina al IRPF y si abonaría más o menos si residiera en otro lugar.
Sin pretender reemplazar una lección de economía (o una lectura detallada de la página del ministerio) y solo como notas breves sobre el IRPF, es útil recordar que este impuesto es progresivo por tramos, lo que significa que no se aplica el mismo porcentaje a todo el ingreso. Este es uno de los malentendidos más frecuentes cuando se menciona que alguien con un salario alto (para la media en España) paga un 47%: no, Hacienda no se lleva casi la mitad. El primer tramo hasta 12.450 euros tiene una retención del 19%, desde ahí hasta los 20.199 euros es del 24% y así progresivamente.
Además, el IRPF se divide en tramos: el estatal y el autonómico. Según la comunidad autónoma en la que residas, pagarás más o menos. Por último, existe un mínimo personal y familiar exento de IRPF, ya que se considera que cubre necesidades básicas. Por defecto, son 5.550 euros al año para una persona soltera.
Existen varias calculadoras de IRPF en internet, e incluso Hacienda ofrece la suya oficial para garantizar precisión. Sin embargo, si se busca una opción intuitiva que permita comparaciones, esta web de Benjamin Akar representa una alternativa destacada, aunque esté en inglés.
Después de seleccionar el país de la lista y confirmar que la moneda es el Euro, solo es necesario ingresar el salario bruto anual. En las opciones avanzadas, se pueden incluir otras deducciones como planes de pensiones o cuotas sindicales.
Veámoslo con un ejemplo: 25.000 euros anuales en Madrid y en Navarra, dos comunidades autónomas particulares: la capital del estado ha ajustado los tramos por deflación y cuenta con uno de los mínimos más bajos de España. Navarra, por su lado, posee su propia Hacienda, régimen foral y ley de IRPF. Así, los tramos están modificados y hay variaciones en deducciones y cálculos como la estructura de la base del ahorro. Para la simulación, asumimos que se trata de personas solteras y sin descendencia.
Del cálculo previo se infiere que Madrid es la opción más favorable para maximizar el sueldo. Pero no todo se reduce al dinero disponible: Navarra equilibra con una gestión propia de servicios que a veces implica beneficios indirectos en forma de deducciones personales o familiares o mayor presupuesto por habitante en sanidad.
Ahora intentemos cambiar a Alemania y su capital, Berlín, para observar cómo resulta ese cálculo del IRPF. Las deducciones del trabajo son muy bajas porque Alemania tiene un mínimo exento elevado por el que no se pagan impuestos, pero luego aparecen las cotizaciones sociales en forma de impuestos de seguridad social, pensión, desempleo, entre otros.
La UE forma un mosaico en el que cada estado tiene su propio enfoque tributario, aunque todos comparten en mayor o menor grado el fin de financiar el estado del bienestar. No obstante, la gran diferencia no radica solo en cuánto se paga, sino en cómo se paga.
De esta manera, se distinguen esencialmente tres enfoques: hay estados como Alemania, Francia o España, con un modelo progresivo estándar en el que se paga según los ingresos; otros como Bulgaria o Rumanía aplican sistemas planos con tipos únicos bajos independientemente de la renta. Finalmente, está el modelo “nórdico” de lugares como Dinamarca o Suecia, con tipos máximos muy altos para financiar amplios servicios públicos y prestaciones sociales.
El estado español se ubica en una zona media-alta de la UE. La media de la Eurozona en tipos máximos ronda el 40% frente al 45% de España (considerando la combinación de estatal y autonómico medio), llegando al 50% o más en regiones como la Comunitat Valenciana o Catalunya, que solo afecta a rentas muy altas.
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