La IA presenta un giro inesperado: EE.UU. revive fuentes de energía obsoletas para impulsar los centros de datos

BlogDecember 24, 2025

La competencia por crear y gestionar modelos de inteligencia artificial cada vez más avanzados conlleva un costo que a menudo pasa desapercibido en las narrativas tecnológicas. No se trata de los procesadores ni del código, sino de la inmensa cantidad de energía eléctrica requerida para operar centros de datos que funcionan ininterrumpidamente. En Estados Unidos, esta demanda ya está generando acciones específicas: plantas de energía contaminantes que se daban por descartadas están volviendo a activarse para manejar los aumentos y tensiones en la red. La ironía es clara: el progreso más innovador en tecnología depende, por ahora, de enfoques energéticos propios de eras pasadas.

El desafío no radica tanto en una falta total de electricidad como en un desajuste temporal. La necesidad de los centros de datos relacionados con la IA se expande a un ritmo mucho mayor que la capacidad para implementar nueva generación de energía, en particular la renovable, en periodos breves. Desarrollar grandes proyectos energéticos demanda años, mientras que estos complejos de datos pueden expandirse en tiempos mucho más cortos. Frente a este conflicto de plazos, los gestores de redes y las compañías eléctricas optan por lo que ya está disponible y puede encenderse de inmediato, incluso si resulta más poluido.

PJM en perspectiva. Este desequilibrio entre oferta y demanda de electricidad se nota con particular nitidez en la región de PJM, el mercado eléctrico más grande de Estados Unidos, que cubre 13 estados y alberga una porción considerable de los centros de datos nacionales. Se puede concebir como un vasto sistema regional de intercambio eléctrico que gestiona la producción, los precios y la estabilidad de la red en tiempo real. En este lugar, el auge de los data centers conectados a la IA está desafiando un esquema diseñado para patrones de consumo muy diferentes, convirtiendo a PJM en el indicador inicial de un inconveniente que comienza a manifestarse en otras áreas.

Qué son las centrales peaker. Las denominadas centrales peaker, o de pico, son plantas concebidas para operar únicamente durante intervalos cortos de demanda máxima, como durante olas de calor o picos en invierno, cuando la red requiere un soporte rápido. No están destinadas a un funcionamiento constante, sino a una respuesta inmediata. De acuerdo con un informe de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno de EE.UU., estas plantas producen solo el 3% de la electricidad del país, pero representan cerca del 19% de la capacidad instalada, una reserva que ahora se emplea con una frecuencia mucho mayor de lo anticipado.

El ejemplo de la central Fisk, ubicada en el barrio trabajador de Pilsen en Chicago, demuestra cómo este cambio se materializa en la práctica. Se trata de una planta impulsada por petróleo, erigida hace décadas y programada para su cierre el próximo año, que había sido reducida a un rol marginal. La irrupción de nuevas demandas eléctricas ligadas a centros de datos alteró ese panorama. Matt Pistner, vicepresidente senior de generación en NRG Energy, indicó a Reuters que la empresa identificó un beneficio económico para conservar las unidades, por lo que canceló el anuncio de cierre, una medida que reactiva un sitio que muchos residentes consideraban en proceso de abandono definitivo.

Cuando el mercado dicta las reglas. Este viraje no se debe solo a requerimientos técnicos, sino también a indicadores evidentes del mercado. En PJM, los pagos a los generadores por asegurar el suministro en momentos de alta demanda se multiplicaron este verano, con un incremento superior al 800% respecto al año previo. Un estudio de la agencia mencionada revela que alrededor del 60% de las plantas de petróleo, gas y carbón programadas para su retiro en la región pospusieron o anularon esos planes este año, y la mayoría eran unidades peaker, precisamente las que mejor se adaptan a este contexto de escasez comparativa.

El costo de este ajuste energético se siente principalmente a nivel local. Las centrales peaker suelen ser instalaciones antiguas, con chimeneas más bajas y menos sistemas de filtrado de contaminantes que otras plantas, lo que amplifica su efecto en las comunidades cercanas cuando operan con mayor regularidad.

El carbón también se pospone. Este patrón no se restringe a las centrales peaker que usan petróleo o gas. A nivel nacional, varias compañías eléctricas han comenzado a retrasar el cierre de plantas de carbón que formaban parte de sus metas climáticas. Un análisis de DeSmog detectó al menos 15 aplazamientos de cierres desde enero de 2025, instalaciones que en total equivalen a cerca del 1,5% de las emisiones energéticas de Estados Unidos. Dominion Energy ilustra este caso: en 2020 se comprometió a producir toda su electricidad con fuentes renovables para 2045, pero después de estimar que la demanda de centros de datos en Virginia se cuadruplicará para 2038, ahora está retrocediendo en ese compromiso.

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