
Cualquiera que haya paseado por las calles de Brujas y explorado sus rincones ha terminado descubriendo un encantador parque pequeño rodeado de casas blancas. El Beguinaje de esta ciudad belga, junto con otros doce distribuidos por toda Flandes, ha sido declarado patrimonio de la Humanidad desde 1998, y con buena razón.
Aunque “no se conoce el origen exacto de este movimiento”, según explicaba Silvana Panciera, socióloga y autora de un libro sobre ellas, lo cierto es que desde el siglo XII y durante siglos, “ofrecieron a las mujeres la posibilidad de vivir sin ser esposas ni monjas, liberadas de cualquier control masculino”.
Lo interesante es que el beguinaje, al igual que los conventos y las escritoras religiosas, está ganando popularidad. Mucha popularidad.
Y no, no se trata de un resurgimiento católico. En las últimas semanas, la “coincidencia” temporal de ‘Los Domingos’ de Ruiz de Azúa o ‘Lux’ de Rosalía ha generado rumores de que “el catolicismo está regresando”. Pero, en realidad, no se refiere a eso.
Como demuestran libros como ‘Místicas’ de Begoña Méndez, se trata de algo más profundo: algo que, más allá del escenario católico, conecta directamente con toda una generación de mujeres jóvenes. Algo que, en palabras de Jorge Burón, “abre perspectivas compartidas en lugar de individuales”.
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Santa Teresa tenía razón. Santa Teresa de Jesús podría ser la pensadora española más significativa de toda la historia, y con frecuencia, las interpretaciones demasiado ligadas al contexto cristiano nos impiden valorar la fuerza filosófica que se oculta detrás.
En la actualidad, cuando las tensiones entre la vida personal y el avance profesional son particularmente intensas en una generación de mujeres que ha dejado atrás los marcos tradicionales sin encontrar aún nuevos, las ideas de Teresa de Cepeda resultan especialmente pertinentes.
Un ejemplo bien conocido aparece en el ‘Libro de las fundaciones’, donde afirma que “…entended que, si es en la cocina, entre los pucheros anda el Señor, ayudándoos en lo interior y exterior”. En ese fragmento, Teresa argumenta que no hay conflicto entre la vida interior y las labores externas, y que el criterio fundamental no es qué hacemos, sino cómo lo hacemos.
Sin embargo, no se trata de una defensa del “todo vale”.
Al contrario, lo que rechaza es la superioridad automática de lo “elevado” sobre lo “cotidiano”. Buscar a Dios (el sentido de la vida, lo que realmente somos) no requiere una soledad absoluta: es algo que debe realizarse donde corresponde.
No es una expresión vacía: hace unos días argumentábamos que la sensación de fin de época, la aceleración, la saturación, la ansiedad existencial o los problemas de legitimidad son inherentes a nuestros tiempos. La idea de que el futuro es una ilusión está muy presente.
Por eso, no sorprende que Santa Teresa esté más vigente que nunca, incentivándonos a asumir el control de nuestro día a día.
Imagen | Teresa, el cuerpo de Cristo
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La noticia La filosofa española que defiende que lo importante está en las cosas sencillas del día a día fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez.