No importa cuánto tiempo dediques a observar el cielo nocturno: nunca verás una estrella verde

BlogFebruary 8, 2026

Algunos podrían encontrar molesto sacar a pasear al perro por la noche, especialmente en invierno, o a las 6:30 de la mañana, pero a mí me resulta placentero descubrir el mundo aún dormido y tener la oportunidad de alzar la vista con calma. Mientras camino por las afueras de mi ciudad para que mis perras hagan sus necesidades, aprovecho para examinar el cielo y ver qué aparece.

Uno de mis hobbies es, como cuando era niña, tratar de identificar lo que veo: la Estrella Polar, en esta época del año también El Carro, la resplandeciente Sirio con un matiz blanco azulado o la anaranjada Aldebarán, la roja Betelgeuse o la supergigante azul Rigel. Aunque hay contaminación lumínica, por suerte resido cerca de varios municipios Starlight y no es difícil hallar verdaderos espectáculos. He observado estrellas de varios colores, pero jamás verdes.

En realidad, contemplo las estrellas solo con mis ojos, lo que significa que solo percibo aquellas lo bastante brillantes para emitir suficiente luz y activar los conos, las células de la retina sensibles al color. Aun así, las estrellas que veo parecen blancas, azules, rojas, naranjas o amarillas. Al usar un telescopio, la situación cambia y se pueden apreciar estrellas más tenues o incluso avanzar para observar e interpretar datos de telescopios espaciales. Lo que resulta difícil es encontrar estrellas verdes.

Spoiler: esto se debe tanto a las propiedades de las estrellas como a la manera en que nuestros ojos perciben el color.

El pico de emisión del Sol es verde. Existen varias razones por las que nunca lo vemos de ese color

Una estrella actúa como un cuerpo negro, es decir, emite luz según su temperatura. En resumen: brillan porque están calientes. De hecho, su color depende de su temperatura: las más frías emiten luz roja y las muy calientes brillan en azul.

Diferentes curvas de Planck para estrellas de colores clásicos: azul, amarillo, rojo. NASA

Sin embargo, esto es una simplificación: en verdad emiten en un amplio rango de colores, pero en proporciones variadas que forman una campana asimétrica (la curva de Planck que se muestra arriba) y es la mezcla lo que produce el color final. La relación entre la temperatura de una estrella y el color donde emite la mayor cantidad de energía (el pico de la curva) se deriva de la Ley de Desplazamiento de Wien.

Si una estrella tiene una temperatura de alrededor de 5.500K (muy similar a la del Sol), su pico de emisión estaría exactamente en la zona verde. Pero nunca hemos visto el Sol de color verde. Aquí intervienen nuestros ojos: el color de una estrella no es una propiedad inherente de la luz, sino una interpretación que hace nuestro cerebro ante esa mezcla de fotones.

Los ojos poseen tres tipos de conos, cada uno sensible a la luz roja, verde o azul respectivamente. Esto significa que si un objeto emite o refleja luz roja, solo los conos rojos envían una señal al cerebro para percibirlo así. Por supuesto, el cerebro puede interpretar más colores: la clave radica en que estos tres tipos de conos pueden enviar señales en proporciones diferentes y luego se combinan en el cerebro.

Precisamente eso ocurre con el Sol, que aunque emite la mayor cantidad de luz en azul y verde, también produce simultáneamente una gran cantidad de luz roja y azul, de modo que la combinación se promedia en el cerebro como blanco (otra cuestión es que se clasifique como una estrella enana amarilla).

Debido a la física de los cuerpos negros, no existe una temperatura estelar que excite únicamente los conos verdes del ojo sin activar también los rojos y azules. Y como las cámaras imitan la visión de los ojos, las estrellas tampoco aparecen verdes en las fotografías.

Sí, pero. Tras toda esta explicación, resulta que hay un par de estrellas que algunas personas afirman ver verdes, pero no lo son: en realidad son trucos del cerebro. Es el caso de Almach, un sistema estelar compuesto por una gigante y brillante naranja y un sistema triple de tres estrellas azules tan cercanas que desde nuestra perspectiva no se distinguen por separado, sino que se fusionan en un punto de luz. Nuestro cerebro intenta equilibrar el naranja con su color complementario, el verde. El resultado: podemos llegar a percibirla como verde. Eso sí, las cámaras no caen en este error de procesamiento biológico. La otra es Zubeneschamali, una estrella solitaria cuyo color confundimos bien por una percepción subjetiva o por efectos de la atmósfera.

Eso no implica que no haya objetos celestes verdes en el cielo. Existen varias nebulosas con un tono verde muy llamativo gracias a la intensa emisión de los átomos de oxígeno, también hemos visto cometas de color verde esmeralda (la culpa la tiene el carbono diatómico) o planetas como la Tierra por motivos obvios y hasta Urano por el metano de su atmósfera y cómo absorbe la luz.

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