Hemos creído durante décadas que el cabello húmedo provoca enfermedades en invierno, pero la ciencia confirma que es un mito

BlogDecember 25, 2025

Frases como “No salgas con el cabello húmedo o te dará neumonía” o “Abrígate bien para no resfriarte” son típicos consejos de abuelas que muchos hemos oído en la niñez y que se han grabado en nuestra memoria. Sin embargo, surge la duda: ¿tienen base real? En realidad, de forma directa, no la tienen.

El verdadero responsable. Contraer un resfriado o gripe no se debe directamente al frío. Los causantes son agentes infecciosos, principalmente virus como los rinovirus, que son los más frecuentes. Cuando estos microorganismos invisibles entran en nuestro cuerpo y superan las defensas naturales, comienzan a multiplicarse y generan síntomas molestos, como fiebre, tos y muchos otros.

Por lo tanto, la fórmula es sencilla: sin exposición al virus, la temperatura ambiente no importa. Para ilustrarlo, imaginemos salir a la Antártida con el cabello empapado y sin ropa; probablemente moriríamos de hipotermia, pero no contraeríamos un resfriado a menos que un pingüino nos estornudara el rinovirus encima. Del mismo modo, en un entorno completamente libre de virus y a temperaturas muy bajas, no se produciría ninguna infección.

Los especialistas. Según expertos de la Mayo Clinic y farmacéuticos que divulgan información científica, el frío por sí solo no puede crear un patógeno de la nada. Se trata de una condición física, no de un elemento biológico.

La ciencia ha intentado aclarar esto durante décadas. Un estudio clave, realizado por la Universidad de Rochester, dividió a voluntarios en dos grupos: uno expuesto a bajas temperaturas y condiciones frías, y el otro en un entorno cálido y confortable. Después, ambos fueron expuestos al rinovirus responsable de los resfriados comunes.

Los hallazgos. Los resultados mostraron que no había diferencias notables en las tasas de contagio ni en la gravedad de los síntomas entre los grupos. El grupo en frío no sufrió resfriados más intensos, lo que confirma que el único factor decisivo para enfermarse era el virus en sí.

Aumento de enfermedades en invierno. Es innegable que, con la llegada del invierno, las tasas de resfriados y gripes se disparan, como se observa actualmente en España. Esto podría hacernos creer que la conexión con el frío es real, a pesar de lo que dice la evidencia científica.

Aquí es donde los consejos tradicionales ganan un poco de terreno. La investigación indica que los rinovirus se multiplican mejor a temperaturas como las de nuestra nariz, que oscilan entre 33 y 35 °C. Además, el frío puede debilitar nuestras defensas inmunitarias, facilitando que el virus entre y se propague con mayor facilidad. Por eso, el invierno registra más casos de resfriados.

Otras influencias. Pero no es el único motivo. El aspecto social juega un rol importante: cuando hace frío, preferimos quedarnos en casa, tal vez viendo Netflix. Esto implica estar en espacios interiores con escasa ventilación (debido al frío exterior) y en proximidad con otras personas. Así, si alguien está infectado, el riesgo de contagio aumenta drásticamente en un lugar cerrado con calefacción, mucho más que en un parque al aire libre a 5 °C.

Otro factor es el ambiente seco típico de esta temporada, causado por el frío exterior y las calefacciones interiores. Esto reseca las mucosas nasales, lo que perjudica al moco, nuestra principal barrera contra virus y bacterias. Si las mucosas están secas, su efectividad se reduce y los patógenos entran con mayor facilidad.

El mito del cabello húmedo. Merece una mención aparte este mito, ya que no hay pruebas científicas que vinculen el cabello húmedo con un mayor riesgo de infecciones virales.

Salir con el cabello mojado causa una rápida pérdida de calor corporal (dado que la cabeza tiene una gran superficie vascularizada), lo que genera una sensación de frío intenso, malestar térmico y posiblemente dolor de cabeza por la tensión muscular inducida por el frío. Sin embargo, la humedad en el cuero cabelludo no atrae microbios ni promueve infecciones.

Imágenes | Dmitriy Kievskiy, Brittany Colette

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