
En la competencia por la inteligencia artificial, Estados Unidos cuenta con los semiconductores avanzados, mientras que China destaca por su capacidad energética, lo que genera enfoques distintos. Ambos elementos, los chips y la energía, resultan cruciales para el sector tecnológico en general. Asegurar un abastecimiento confiable es fundamental para liderar en industrias emergentes, y China ha acelerado intensamente la expansión de su infraestructura energética.
Según datos de la Administración Nacional de la Energía de China, citados por Bloomberg, en 2025 el país incorporó 542,7 GW a su capacidad existente, alcanzando un total de 3.890 GW. Como informa China News, esto representa un incremento del 16,1% en solo un año.
Estas cifras por sí solas podrían no reflejar la escala del esfuerzo chino, pero los 542,7 GW agregados en el último año superan la capacidad total de naciones como India, Alemania o Japón, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía. Solo Estados Unidos, con sus 1.373 GW en la red eléctrica, lo sobrepasa. Si extendemos el análisis a los últimos cuatro años, China ha expandido su capacidad en 1.515,3 GW, una cantidad que excede todo lo que posee Estados Unidos actualmente.
Entre las metas de China con esta expansión energética ambiciosa se encuentran asegurar un flujo estable y abundante, reducir la dependencia de importaciones de combustibles y obtener una ventaja en sectores de alto crecimiento y demanda intensiva, como la inteligencia artificial, la robótica o los materiales tecnológicos avanzados.
Desde una perspectiva de ingeniería, el progreso de China en los últimos años representa un logro impresionante: ha duplicado la red eléctrica más extensa de Occidente en un tiempo récord. Lo que a Estados Unidos le tomó alrededor de un siglo, China lo ha conseguido en menos de cinco años.
Sin embargo, desarrollar infraestructura eléctrica, al igual que los centros de datos, no es un proceso sencillo ni rápido: implica planificación detallada, logística compleja y personal altamente capacitado. Además, se requieren autorizaciones y evaluaciones ambientales. Este ritmo de producción e instalación supera una curva de aprendizaje que disminuye los costos de la tecnología para su adopción a nivel mundial.
Alcanzar esta capacidad en un plazo tan corto es desafiante, pero no solo se trata de la cantidad, sino del método: una porción significativa de este aumento proviene de fuentes solares y eólicas. Estas energías, a diferencia de los combustibles fósiles, son intermitentes.
Por lo tanto, China no se limita a instalar paneles y turbinas eólicas, sino que también está reorganizando la gestión de la red para manejar situaciones como la ausencia de sol o viento. Aun así, las plantas térmicas de carbón y gas han alcanzado niveles récord. El país tampoco ha descuidado la energía nuclear ni la hidroeléctrica, con incrementos más moderados.
Aunque la capacidad actual de China es vasta, no implica que las instalaciones solares o eólicas operen de manera continua: su factor de capacidad es inferior al de las plantas de gas o carbón. Por eso, es necesario construir más para lograr resultados equivalentes.
Para transportar esta energía a través del país, por ejemplo, desde el desierto soleado de Gobi hasta la zona industrial de Shanghái, China ha desarrollado una red de Corriente Continua de Alto Voltaje, que incluye el transformador de ultra alta tensión más grande del mundo. Otro desafío pendiente es el almacenamiento de la energía excedente. Actualmente, el país invierte de forma masiva en baterías de litio y en sistemas de bombeo hidráulico.