
En la ingeniería contemporánea, una de las respuestas más prácticas a desafíos como la sequía consiste en trasladar el agua desde áreas con excedentes hacia regiones con escasez. Sin embargo, cuando esto implica cruzar el seco sertón de Brasil, el proyecto se transforma en una iniciativa monumental. Por esta razón, numerosos observadores siguen de cerca una de las infraestructuras hídricas más audaces del país: el Cinturão das Águas do Ceará (CAC).
Aunque se puede describir de forma sencilla como un río artificial, en realidad se trata de un elaborado conjunto de canales que operan por gravedad y que ya alcanza el 91% de su construcción. Su meta es colosal, ya que busca asegurar el suministro de agua a más de cinco millones de individuos en una de las áreas con mayor tensión hídrica en Sudamérica.
Este no es un plan surgido de cero, sino que el CAC representa la etapa final y esencial que se une al proyecto de integración del Río São Francisco, reconocido como la mayor obra de infraestructura hídrica en Brasil. El elemento central de esta nueva fase radica en el enfoque de diseño adoptado.
De acuerdo con la información de la Secretaría de Recursos Hídricos de Ceará, el eje norte del proyecto inicia en la presa de Jati, desde donde el agua avanza a lo largo de 145,3 km de canales que cruzan la región de Carini.
Sin duda, esta es la faceta más fascinante de toda esta iniciativa monumental, ya que el sistema depende principalmente de la gravedad. A diferencia de otros trasvases que demandan un bombeo extenso y continuo, con los costos energéticos que ello implica, el diseño del CAC utiliza la topografía a través de una mezcla de canales abiertos, túneles y sifones para que el agua descienda naturalmente desde Jati hasta Nova Olinda y otros municipios.
Aunque se puede ver como un río artificial, en esencia es un canal de trasvase. Esto significa que su rol no se limita a transportar agua de un punto a otro, sino a servir como una vía principal que enlaza los componentes clave del sistema hídrico de Ceará.
De este modo, el agua que circula por el cinturón no permanece inmóvil, sino que se emplea para rellenar otras cuencas hidrográficas, dado que el sistema está configurado para descargar flujos en los principales embalses de la zona, como el Castanhão (el más grande del estado) y el Orós.
En este escenario, se anticipa que la infraestructura provea directamente a 561.000 residentes en 24 municipios distintos. No obstante, lo notable es que, al conectarse con otros sistemas hídricos, puede garantizar el suministro indirecto a más de cinco millones de personas.
Está evidente que las autoridades priorizan el consumo humano para prevenir la escasez persistente en las ciudades frente a la sequía. A partir de ahí, se extiende a la industria y la agricultura de riego, que impulsan la economía en regiones severamente afectadas por las bajas precipitaciones.
En la fase final de 2025, esta obra ha acelerado su ritmo, y con razón. Ante las proyecciones de nuevos periodos de sequía en la región, la infraestructura se ha convertido en esencial para asegurar el abastecimiento poblacional. La noticia positiva es que las pruebas realizadas ya verifican que la estructura opera correctamente.
De esta forma, mientras el mundo discute sobre la administración del agua en el siglo XXI, Brasil está cerca de activar una de las “tuberías” a cielo abierto más grandes del continente. En junio de 2026, si se sigue el calendario oficial, el agua del São Francisco contará finalmente con una ruta directa y confiable hacia el centro de Ceará.
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