El Ferrari Luce desafía las expectativas tradicionales de la historia de Ferrari, y representa la mejor oportunidad para la marca

BlogFebruary 14, 2026

Simplemente desbloquea tu teléfono, elige el ícono de tu red social preferida y desplázate para darte cuenta de que en el mundo existen dos tipos de personas: aquellas que ya han compartido su opinión sobre el nuevo Ferrari Luce y las que están a punto de hacerlo.

Porque si hay algo que Ferrari ha logrado al revelar el interior de su primer vehículo eléctrico (el exterior se presentará en mayo), es demostrar que todos tenemos una perspectiva al respecto, ya sea a favor o en contra. Casi da igual, ya que el 99% de quienes comentamos tampoco podremos adquirir un modelo eléctrico que, sin duda, no formará parte del nuevo Plan Auto+ de subsidios para compras.

Resulta sencillo identificar a quienes se oponen.

Yo mismo no estoy seguro si me desagrada o si me horroriza directamente.

Aun así, estoy convencido de que Ferrari ha pulsado las teclas correctas.

Enzo, esto no es un Ferrari

Se dice que Enzo Ferrari respondía a las críticas sobre sus autos con una réplica típica de un italiano de su calibre, como Il Commendatore: “No vendo coches, vendo motores. El coche lo regalo, el motor tiene que ir montado en algún sitio”.

Sea verídica o no, ya que con las citas nunca se sabe, esta frase no solo captura una filosofía para su compañía, sino que también encapsula la esencia de toda una era. El líder de Ferrari falleció en 1988, solo un año después del debut del Ferrari F40, el superdeportivo que celebraba las cuatro décadas de la historia de la empresa.

Ese Ferrari F40 fue el último vehículo supervisado por Enzo Ferrari y representó un hito. Gerhard Berger, quien compitió para la marca en la Fórmula 1, indicó que el F40 era “muy fácil de conducir… si tienes experiencia con coches de carreras”. Y no exageraba. Jason Barlow, en Top Gear, describe que el auto acelera de manera feroz, como si estuviera en un episodio de los Looney Tunes.

En Carwow capturan bien su espíritu: “el lujo de este Ferrari era no tener ningún lujo”. En busca de una ligereza extrema, el vehículo carecía de aire acondicionado, alfombrillas, sistema de sonido o paneles tapizados. El resultado fue inmediato: el F40 era el coche más rápido de su época, con una velocidad máxima de 324 km/h.

Sí, el F40 era un auto especial, una de esas ediciones que Il Cavallino lanza cada 10 años para honrar su propia trayectoria y reclamar ser la marca más relevante del mundo. Sea cierto o no, han dominado el discurso.

Menciono esto porque, desde entonces, Ferrari ha suavizado sus lanzamientos. Hasta la muerte de Enzo Ferrari, sus autos seguían la premisa de ser, sobre todo, un motor con ruedas. Se necesitaba habilidad para manejar un Ferrari. Había que hacer muchas concesiones. Pero el avance de la tecnología nos ha llevado al punto actual, con vehículos que no requieren ser extremadamente radicales y que pueden ser relativamente cómodos en el uso diario, al mismo tiempo que potentes en un circuito.

Cuando probamos el Lamborghini Revuelto, quedó claro. Hoy en día, una marca de superdeportivos de lujo debe considerar a sus clientes más exigentes, sin olvidar a los puristas que realmente aprecian el sonido de un V12 a máxima potencia en un circuito o en una Autobahn.

Pero el superdeportivo de lujo ahora va más allá. Son también vehículos para circular por el centro de la ciudad o ir al restaurante preferido. Deben ser fáciles de manejar para un público que nunca explotará al máximo la potencia que albergan.

Es en esa dirección donde Ferrari ha enfocado sus esfuerzos en los últimos años. Los italianos han logrado lo más desafiante para una marca de lujo: mantenerse deseados y aspiracionales a pesar de que nunca antes se vendieron tantos Ferrari. Producen más que nunca, pero la demanda permanece intacta. Y si esa demanda persiste, no es solo por quienes buscan el rugido de un V12, sino por quienes adquieren un Purosangue y por aquellos que comprarán un auto eléctrico con el emblema de Ferrari en el frente.

Por eso comprendo que la marca haya decidido entregar las llaves de la casa a Jony Ive y ausentarse durante años, con la inquietante certeza de que al regresar la encontrarán transformada, sin saber si eso es positivo o negativo.

La visión de Ive ha consistido en crear un interior innovador y distinto para un vehículo que debe forjar su propia narrativa. Ferrari cuenta con los recursos y el expertise para desarrollar el auto eléctrico más avanzado del mundo. Sus especificaciones técnicas, con 1.000 CV, cuatro motores y una batería de 122 kWh, lo sugieren. Pero fabricar el superdeportivo eléctrico más radical y veloz no les serviría de mucho, porque el mercado para ese tipo de auto no existe, al menos por ahora.

Lo que sí existe es un vasto grupo de personas adineradas que desean un vehículo como accesorio de moda, que no valoran a Ferrari por su historia ni por fabricar los V12 con el mejor sonido. Para ellos se ha diseñado este auto, para que lo usen diariamente en sus visitas al centro comercial de lujo, al club deportivo o para recoger a los niños en el colegio más exclusivo de la zona.

Si Ferrari hubiera dirigido su primer auto eléctrico hacia los fanáticos más apasionados de la marca, habrían fallado. Porque la tecnología puede ofrecer una potencia masiva de cientos de CV por un costo bajo. Pero a esos clientes, que buscan el bramido de un motor enorme a sus espaldas y el impacto salvaje de cada cambio de marcha, un auto eléctrico no les interesa en absoluto, al menos no en estos términos.

Porque el auto eléctrico introducirá muchas novedades: aceleraciones intensas, curvas inimaginables hace unos años… pero el sonido de un V12 subiendo de revoluciones hasta impactar la palanca derecha con fuerza, el petardeo al reducir, el ritmo metálico de una caja de cambios en H son elementos que se irán para no regresar.

No van a volver.

Y a esos clientes, que buscan la esencia que Ferrari ha emanado, un auto eléctrico no los conquistará. Para ellos, la única razón válida para comprarlo sería agregar una unidad a su colección para optar por la nueva bestia conmemorativa de la marca.

Era ilógico enfocarse en ellos para esta primera incursión en el auto eléctrico. En Maranello han elegido la opción más lógica y conservadora, aunque, paradójicamente, resulte la más disruptiva.

Fotos | Ferrari y Krzysztof Hepner

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