
Visualiza esta situación: sin velas, sin melodías de jazz ni vasos de vino. En cambio, hay una llave Allen, un manual con ilustraciones silenciosas y un estante de madera comprimida que parece desafiar las normas de la física. Lo que para algunos podría ser el comienzo de una separación, para una nueva ola de personas solteras representa la cita ideal.
Damos la bienvenida al choremancing, una tendencia que sugiere que, para descubrir la verdadera esencia de alguien, deja de lado las cenas elegantes y opta por acompañarlo en la compra semanal.
Por mucho tiempo, las aplicaciones de citas promovieron el emparejamiento como el inicio de una serie interminable de planes refinados. No obstante, según informa The Guardian, hay un cambio en marcha. Este medio británico describe el choremancing como una combinación de chore (tarea) y romance. El concepto es directo y algo escéptico: ¿por qué invertir tiempo en pretensiones en un bar de cócteles si el 90% de la vida en pareja involucra decisiones como quién saca la basura o cómo manejar las cuentas?
Esta práctica se afianzó tras su inclusión en el informe anual de tendencias de la aplicación Plenty of Fish. Ya no se enfoca en impresionar, sino en “integrar una cita en una diligencia que de todas formas tenías pendiente”. Básicamente, es la prueba definitiva de compatibilidad.
¿Por qué elegir ver a tu cita en el pasillo de los productos congelados en lugar de bajo la iluminación suave de un restaurante? La clave está en la autenticidad. Como detalla Bruce Y. Lee en la revista Psychology Today, las actividades cotidianas exponen el verdadero carácter de las personas. En una cena, es sencillo mantener una imagen falsa, pero frente a un reto práctico —como notar que falta una pieza en un mueble— emerge la personalidad real: ¿es tu cita colaborativa y flexible, o se torna egoísta e impaciente al primer obstáculo?
Aun así, esta “prueba” conlleva riesgos. El medio Quartz alerta que ensamblar muebles de Ikea puede ser un terreno emocional complicado. Basándose en opiniones de psicólogos, explica que estas labores activan “detonantes” antiguos e inseguridades ocultas. Un simple estante podría llevar a interrogantes profundos: “¿Piensas que soy incompetente?”, “¿No confías en mí?”.
Además, el profesor de psicología Dan Ariely destaca en el mismo medio un problema clave: el error de atribución fundamental. Solemos creer que si nosotros fallamos, es por instrucciones defectuosas, pero si el otro falla, es porque “nunca pone atención”. Por lo tanto, el choremancing ofrece una ruta rápida para observar cómo maneja la pareja la culpa y el estrés.
Este giro hacia lo rutinario no es accidental, sino un síntoma de problemas más amplios. Las aplicaciones de citas convencionales enfrentan un deterioro significativo. Aunque el 80% de la Generación Z anhela encontrar el amor, solo el 55% se siente listo para una relación. Se trata de la “paradoja de la preparación”: el temor al fracaso es tan intenso que los jóvenes optan por no intentarlo.
El “coqueteo tradicional” está en retroceso. Actualmente, en lugar de invitar a una cita, se solicita el Instagram, y ahí frecuentemente termina la interacción. El miedo al “fracaso público” —como eliminar fotos o dar explicaciones si una relación falla— funciona como un obstáculo. En este panorama, una “cita de tareas” resulta más segura: con menos presión, menos visibilidad y, principalmente, más sinceridad.
Frente a este agotamiento, algunos regresan a enfoques clásicos, como el auge de las agencias matrimoniales. “Recibimos a muchas personas exhaustas y decepcionadas del ámbito digital”, comentan desde la industria. Los solteros ahora buscan “exclusividad y anonimato”, escapando del escaparate público de las redes sociales.
Esta búsqueda de vínculos concretos ha trasladado el cortejo a lugares inesperados. Por instancia, hace unos meses se popularizó el “coqueteo en Mercadona de siete a ocho de la tarde”. Lo que inició como una broma sobre señales secretas —como colocar una piña al revés en el carrito para indicar disponibilidad— refleja una verdad subyacente: el anhelo de regresar a interacciones cara a cara en escenarios reales, alejados de los algoritmos.
Pero el choremancing trasciende la primera cita; también fortalece la convivencia. De acuerdo con la psicóloga Dra. Hannah Lawson, citada por Uniladtech, las parejas que comparten labores domésticas, como lavar los platos, son un 20% más felices. Lawson argumenta que estos rituales diarios pequeños crean un lazo emocional más sólido que los gestos románticos grandiosos. “Es un emblema de igualdad”, indica, que evita el resentimiento y promueve diálogos naturales.
Sin embargo, existe una interpretación más dura detrás del ascenso de estas citas prácticas. El entorno económico no favorece. Con los precios de la vivienda elevados, buscar pareja se ha vuelto una elección pragmática: “se requieren dos salarios para lograr una vida estable”. En este contexto, evaluar si tu posible compañero es eficiente en la gestión del hogar no es ausencia de romanticismo, sino un instinto de supervivencia.
Por ende, ¿representa el choremancing el futuro del amor o solo evidencia que estamos demasiado fatigados para el cortejo convencional? De cualquier modo, parece una táctica eficiente. En un mundo donde el tiempo es el bien más valioso, combinar la logística con el romance optimiza el horario y, además, permite conocer genuinamente a la persona frente a ti.
Al cierre del día, la razonamiento es irrefutable. Si la cita no prospera y descubres que esa persona no sabe colaborar o se irrita con un manual de instrucciones, al menos no habrás desperdiciado la tarde en un bar ostentoso. En el peor escenario, la relación no avanzará, pero tú habrás completado la compra, paseado al perro o, con fortuna, ensamblado el mueble de la sala.