El agua con gas guarda un truco para adelgazar, y no se relaciona con sus cualidades nutricionales

BlogFebruary 14, 2026

El agua con gas representa una elección poco común en los menús de bebidas que pocas personas eligen en nuestra zona, aunque gradualmente está cobrando relevancia en el ámbito de la dieta. Esto se debe a un estudio científico reciente que destaca sus ventajas para reducir peso mediante su ingesta, si bien hay varios detalles importantes que considerar en esta afirmación.

El estudio

El foco de este renovado interés se encuentra en una investigación divulgada en BMJ Nutrition, que propone una idea intrigante: el dióxido de carbono disuelto en el agua podría potenciar la glucólisis en el cuerpo. Este proceso implica esencialmente la descomposición del azúcar presente en las células para generar energía. Así, se estaría disminuyendo uno de los elementos que contribuyen a la acumulación de grasa no deseada.

¿Cómo funciona?

Consumir agua con gas y experimentar este efecto no parece algo habitual a primera vista. Según la ciencia, al ingerir agua carbonatada, el CO₂ responsable de las burbujas visibles en la superficie ingresa al flujo sanguíneo, donde podría motivar a los glóbulos rojos a consumir más glucosa y, por lo tanto, evitar que se almacene como grasa.

En teoría, esto resulta atractivo para quienes desean bajar de peso: beber agua para eliminar azúcar.

Hay detalles importantes

El estudio en sí es un informe conciso, y la comunidad científica ha sido veloz en aclararlo: aunque el mecanismo sea real, su impacto individual es muy limitado para generar una pérdida de peso “milagrosa” solo con el consumo de agua. Por ende, no se trata de un potente “quemador de grasa”, sino de una peculiaridad metabólica que es poco probable que se refleje en la balanza sin acompañarse de otras modificaciones.

El auténtico secreto

Si el agua con gas no elimina calorías de manera mágica, ¿por qué numerosos nutricionistas afirman que contribuye al control del peso? La explicación no radica en el metabolismo, sino en la dinámica de los fluidos y la sensación de saciedad.

Esto no es una novedad, ya que investigaciones de 2008 demostraron que las bebidas con gas afectan directamente el estómago. El principal efecto involucra la expansión del estómago, dado que el gas ocupa espacio. De este modo, al tomar agua con gas, se genera una mayor expansión en la sección superior del estómago en comparación con el agua sin gas. Esto provoca que nos sintamos satisfechos más pronto y reduzcamos el deseo de continuar comiendo.

Hay más aspectos

Además de saciarnos con mayor rapidez, esta expansión transmite señales de plenitud al cerebro mediante el nervio vago. Por eso, las burbujas “engañan” al estómago, haciéndole pensar que está más lleno de lo que realmente está. Así, el cerebro percibe saciedad e inhibe el apetito a través de procesos químicos.

Estudios japoneses sobre la estimulación oral con CO₂ indican que esta percepción de plenitud puede disminuir la ingesta de alimentos subsiguiente, aunque el efecto es moderado y de corta duración.

El elemento de reemplazo

El razonamiento más sólido en favor del agua con gas no se vincula con el CO₂ ni con el movimiento gástrico, sino con el comportamiento. Esto es lo que reveló un metaanálisis de McGlynn que examinó los resultados de sustituir bebidas azucaradas por alternativas sin calorías.

Los hallazgos son evidentes: cambiar un refresco de cola o un jugo envasado por agua (con o sin gas) reduce el peso, el IMC y la grasa corporal. Aquí es donde el agua con gas destaca como opción de sustitución, ya que para muchas personas habituadas a la intensidad sensorial de un refresco con gas, el agua sin burbujas resulta monótona.

Su influencia

El agua con gas proporciona esa activación en la boca, con el característico cosquilleo de las burbujas, sin el costo de calorías innecesarias. Si el agua con gas te asiste en abandonar los refrescos azucarados, ese es el beneficio clínico significativo, no el que el gas acelere la quema de azúcares ingeridos antes.

No es adecuada para todos

Aunque las pautas de hidratación señalan que el agua con gas hidrata de la misma forma que el agua convencional, no conviene a todo el mundo. Ese mismo proceso que favorece la saciedad (la expansión gástrica) representa un problema para ciertos perfiles médicos, como aquellos con reflujo gastroesofágico o síndrome de intestino irritable. En estos casos, incrementar la presión en el sistema digestivo puede empeorar dichas condiciones.

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