
Por poco, pero lo logró. Magnus Carlsen se proclamó campeón del mundo en el Campeonato Mundial de Ajedrez Freestyle, organizado por la FIDE, durante este fin de semana. Lo hizo al sobrevivir y vencer en una partida que parecía perdida, y aunque el evento estuvo cargado de intensidad, no queda claro si esta variante del ajedrez representa la transformación que el deporte necesitaba. Ni siquiera con el respaldo de Carlsen.
En los últimos días se llevó a cabo el campeonato mundial de esta disciplina en Weissenhaus, Alemania, donde se congregaron ocho de los jugadores más destacados del planeta, entre ellos Magnus Carlsen, visto por muchos como el mejor de todos los tiempos, y Fabiano Caruana, actual campeón mundial en ajedrez clásico.
Este fue el primer torneo de ajedrez freestyle avalado oficialmente por la FIDE, aunque hubo eventos similares en 2019 y 2022. Carlsen disputó la final contra Fabiano Caruana y lo derrotó por 2,5 a 1,5. Tras dos empates en las partidas iniciales, en la tercera Caruana contaba con una ventaja que parecía decisiva. No obstante, Carlsen se recuperó y, aprovechando los errores de su rival bajo presión de tiempo, invirtió el resultado.
Como es conocido, Carlsen renunció a su título de campeón mundial de ajedrez clásico en julio de 2022, hastiado de esa modalidad. Aunque participa en algunos torneos clásicos, se enfoca en variantes rápidas y relámpago, y ahora es el principal promotor del ajedrez freestyle (también llamado 960 o ajedrez aleatorio Fischer). Este nuevo título mundial es el 21º en su trayectoria (cinco en clásico, seis en rápido, nueve en relámpago y uno en freestyle).
Al igual que en el boxeo, el ajedrez enfrenta un dilema con la multiplicidad de títulos mundiales. Aunque Caruana ostenta el campeonato de ajedrez clásico, persiste la incertidumbre sobre si él o cualquier otro jugador actual podría vencer a Carlsen en un enfrentamiento directo por el título. En este contexto, surge una propuesta intrigante.
El número uno del mundo respalda desde hace meses un formato similar a un triatlón que combina estas modalidades:
Como detalló Leontxo García en El País, aunque la iniciativa proviene formalmente de los organizadores del torneo Norway Chess, el apoyo de Carlsen y ahora de la FIDE ha impulsado el Total Chess World Championship, que se estrenará en formato piloto a mediados de octubre de 2026.
La concepto del ajedrez freestyle es excelente, sobre todo para añadir emoción desde la primera jugada en duelos entre élites. En el ajedrez clásico, el vasto conocimiento de aperturas hace que los 20 movimientos iniciales se realicen casi automáticamente. Esta variante promovida por Carlsen refresca el juego para jugadores y espectadores, pero según Leontxo García, los aficionados de nivel medio o bajo “detestan el 960 porque es muy difícil y porque se sienten intelectualmente desnudos”.
Esto, sumado a la extensa duración de las partidas, limitaba su atractivo en un mundo que valora la inmediatez. Este enfoque ofrece un formato más dinámico y entretenido, aunque su adopción sigue siendo restringida. En plataformas como Chess.com, cualquiera puede probar estas partidas, pero el ajedrez convencional domina en popularidad, si bien las variantes rápidas resultan especialmente atractivas. Esos formatos captan más atención, y quizá ese ‘triatlón’ del ajedrez sea un equilibrio ideal.
Lo que no impide que muchos sigan considerando que solo existe un verdadero campeonato mundial de ajedrez: el clásico de siempre, con sus partidas prolongadas, escándalos, golpes sobre la mesa y entresijos. Dicho esto, lo esencial es que el ajedrez permanece más vivo que nunca.
Imagen | Frans Peeters