
En un discurso pronunciado durante la 144ª Convención Suprema de los Caballeros de Colón en Denver, el arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), reflexionó sobre la virtud del patriotismo. Estableció una clara distinción entre el patriotismo auténtico y el nacionalismo desvirtuado, enfatizando que el...
En un discurso pronunciado durante la 144ª Convención Suprema de los Caballeros de Colón en Denver, el arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), reflexionó sobre la virtud del patriotismo. Estableció una clara distinción entre el patriotismo auténtico y el nacionalismo desvirtuado, enfatizando que el verdadero amor a la patria debe estar arraigado en la virtud. Según el arzobispo, el patriotismo no es, ante todo, una virtud política; es una virtud religiosa.
Mons. Coakley señaló que el patriotismo brotará naturalmente del cuarto mandamiento, que ordena honrar al padre y a la madre. Esto se entiende como una forma de amor familiar que se extiende hacia los demás. Citando los escritos de Santo Tomás de Aquino, el arzobispo explicó que los deberes hacia la nación son comparables a los deberes hacia los padres, ya que los principios de nuestro ser y gobierno son nuestros padres y nuestra patria, que nos han dado el nacimiento y el sustento.
El arzobispo distinguió claramente entre el patriotismo y el nacionalismo. Mientras que el patriotismo se basa en la gratitud hacia la patria y el deseo de que sea más justa y perfecta, el nacionalismo tiende a elevar la nación a la categoría de ídolo, solicitando una lealtad total e incondicional que solo le corresponde a Dios. El patriotismo, por otro lado, se asemeja al amor de un buen hijo por su madre, honrándola, defendiéndola y trabajando para ayudarla a convertirse en la nación que Dios quiso que fuera.
En resumen, el arzobispo Paul Coakley resaltó la importancia de entender el patriotismo como una virtud que brota de la gratitud y el amor hacia la patria, sin confundirlo con el nacionalismo. Animó a los católicos a inculcar en sus hijos y nietos un patriotismo rectamente ordenado, recordándoles que estamos llamados a amar a nuestra patria con honestidad y lealtad, siempre priorizando el amor a Dios. El patriotismo, como uno de los cuatro pilares de los Caballeros de Colón, junto con la caridad, la unidad y la fraternidad, busca fomentar un amor a la patria que se base en la virtud y el servicio a los demás.
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