
Un llamado a la valentía en el anuncio Durante el rezo del Ángelus del domingo 31 de mayo, asomado al balcón del Palacio Apostólico, el Papa León XIV centró su reflexión en la parábola del banquete de bodas y pidió a los fieles anunciar la alegría de Cristo "siempre y en todas partes, también allí donde...
Durante el rezo del Ángelus del domingo 31 de mayo, asomado al balcón del Palacio Apostólico, el Papa León XIV centró su reflexión en la parábola del banquete de bodas y pidió a los fieles anunciar la alegría de Cristo “siempre y en todas partes, también allí donde no es comprendida”, con generosidad, valentía y fe. Según reporta Vatican News, el Pontífice advirtió que el bien que ofrecen los cristianos “no siempre es comprendido, reconocido o apreciado”, e incluso puede ser malinterpretado y rechazado. Sin embargo, subrayó que esa circunstancia no debe desanimar a quienes anuncian el Evangelio.
El Santo Padre destacó la actitud del rey del relato, quien “frente al rechazo, no suspende la boda ni cancela los festejos”, sino que amplía la invitación enviando a sus siervos a llamar a más personas por las calles. En el texto evangélico, los primeros invitados prefieren atender sus propios asuntos y algunos llegan a insultar y matar a los mensajeros del monarca. Recogiendo la lectura de san Jerónimo, León XIV identificó al rey con Dios Padre, al esposo con Jesucristo y a la esposa con la Iglesia, lo que sitúa a los propios creyentes entre los protagonistas de la escena.
La interpretación propuesta tiene consecuencias prácticas: la sala del banquete son, según el Pontífice, “nuestras iglesias, nuestras casas, los lugares donde vivimos”. Esta lectura desplaza el anuncio desde el ámbito institucional hacia el cotidiano y sugiere que la transmisión de la fe depende menos de grandes escenarios que de la coherencia diaria. Además, la referencia a la “vestidura blanca del Bautismo” y a “las joyas de las buenas obras” vincula identidad sacramental y acción concreta.
León XIV insistió en que la alegría cristiana “no es artificial, sino profunda, concreta, real”, y la describió como un don de Dios para la salvación del mundo. Finalmente, encomendó a los fieles a la Virgen María para aprender a vivir y transmitir esa alegría nacida del encuentro con Cristo. El mensaje se inserta en una línea recurrente del magisterio reciente: sostener el anuncio en contextos de indiferencia o rechazo sin recurrir a tonos triunfalistas, apostando por el testimonio antes que por la confrontación.
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