
Al imaginar un abordaje, es común evocar escenas de películas como “Piratas del Caribe”, asociadas a épocas pasadas y a la ficción. Sin embargo, esto dista mucho de ser solo un relato imaginario. En fechas recientes, fuerzas especiales de Estados Unidos llevaron a cabo una operación en un buque de carga que se dirigía desde China hacia Irán a finales del año pasado en el océano Índico, y otra a principios de este año en el Atlántico, esta vez contra el petrolero Marinera, que navegaba bajo bandera rusa. No se trata de una cinta de acción, sino de la dinámica geopolítica marítima contemporánea.
El cambio en la política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump ya no sorprende: su enfoque en el mar refleja una estrategia más activa. Hasta ahora, se han confiscado al menos siete barcos de la flota fantasma que transporta petróleo venezolano, además del petrolero Marinera y el carguero en el Índico.
En este último incidente, los comandos incautaron componentes de “doble uso” (tanto militar como civil) antes de permitir que el buque continuara su trayecto. Estados Unidos ha evolucionado de meras sanciones documentales a acciones concretas. El abordaje de un petrolero frente a las costas de Venezuela con destino a un país asiático fue calificado por China como una seria violación del derecho internacional, según declaraciones de su Ministerio de Relaciones Exteriores.
Para China, estos eventos no son incidentes aislados. Analistas de la Universidad de Nanjing, citados por el South China Morning Post, indican que la administración Trump busca reafirmar la hegemonía estadounidense en alta mar, poniendo en riesgo rutas clave como el Estrecho de Malaca.
Para China, esto representa un déjà vu que remite directamente a 1993, cuando Estados Unidos detuvo el carguero chino Yinhe, obligándolo a desviarse para un registro en busca de armas químicas que al final no se encontraron.
En China, se interpretó como una provocación intencional, lo que resaltó una verdad evidente: la necesidad de una marina fuerte capaz de proteger sus buques más allá del Estrecho de Malaca. De lo contrario, la porción de su economía dependiente del mar quedaría expuesta a las decisiones de Estados Unidos.
Un simple vistazo al mapa revela por qué el Estrecho de Malaca es vital: actúa como la principal vía marítima que conecta a China con el resto del mundo. Gran parte de su energía y comercio pasa por este punto. Si Estados Unidos normaliza la incautación de barcos en el océano Índico antes de que alcancen el estrecho, podría interrumpir el suministro chino antes de que la carga entre en aguas seguras, sin necesidad de disparar un solo misil.
El Estrecho de Malaca es una ruta marítima de comunicación histórica. Un informe chino de 2006 señala que más del 80% de las exportaciones de petróleo chino transitaban por este paso.
Hoy en día, esta dependencia persiste como un desafío clave sin resolver: el 80% de los 390.000 millones de dólares en importaciones anuales de energía de China aún cruza este estrecho, que mide solo 2,7 kilómetros en su sección más angosta, según datos de un informe de la Observer Research Foundation para septiembre de 2025.
La profesora Li Lingqun de la Universidad de Nanjing describe para el South China Morning Post una posible respuesta, que incluye “proporcionar escoltas navales para buques comerciales con el fin de disuadir tales acciones. (…) El rápido avance de las capacidades navales de China permite el despliegue rápido de estos recursos”. Estados Unidos ya sabe que China está preparada para enviar escoltas más allá del Golfo de Adén. Desde Pekín, el nuevo buque de asalto anfibio Type 076 y el Sichuan, el buque de asalto anfibio más grande del mundo, representan avances notables.
La reacción de China ante lo que el South China Morning Post describe como piratería estatal no se limitaría a la diplomacia, sino que incluiría medidas militares. Como indican los analistas, China cuenta con el precedente legal de las acciones estadounidenses para replicar inspecciones intensivas en el mar, incluyendo el Estrecho de Taiwán. Su guardia costera ya está equipada para realizar inspecciones en alta mar.
La China de 2026 difiere enormemente de la de 1993. Esto se ha evidenciado en la guerra comercial y arancelaria, con contraataques en forma de tarifas en respuesta a Trump o como presión mediante sus tierras raras, un mercado donde mantiene una hegemonía absoluta. Además, en su plan de desarrollo, China está modernizando sus capacidades militares con 2035 como fecha objetivo.