
El año 2026 apenas inicia y el campo de la astronomía ya presenta su primera novedad del período, ya que mientras muchos se enfocaban en objetivos comunes, un grupo de astrónomos en el desierto de Atacama identificó un objeto notable. Se trata del cometa C/2026 A1, con potencial para ser observable desde la Tierra.
Este no es un cometa ordinario, dado que su órbita y dimensiones indican que se clasifica como un “sungrazer”, lo que en español se traduce como “rozador del Sol”. Esto implica que es un cuerpo celeste de tipo suicida que, si resiste su paso por el perihelio, podría generar un espectáculo visual similar al del famoso cometa Ikeya-Seki de 1965.
La detección ocurrió el 13 de enero en el observatorio AMACS1, ubicado en la favorable zona de San Pedro de Atacama, Chile, por un equipo de astrónomos franceses que notaron un movimiento inusual.
El hallazgo forma parte del programa de búsqueda MAPS, operativo desde 2020, que ha registrado el descubrimiento de 8 cometas y más de 300 asteroides cercanos a la Tierra. Inicialmente, las organizaciones confirmaron el objeto como una mancha difusa.
Semanas previas al descubrimiento, los investigadores encontraron que ya existían “precoveries” en las bases de datos, lo que significa que otros equipos habían subido imágenes anteriores donde aparecía el cometa, pero no lo identificaron debido a su brillo tenue. Sin embargo, este equipo no lo pasó por alto.
Lo que distingue al C/2026 A1 no es solo su detección, sino su procedencia. Los datos de la base JPL Small-Body Database y del experto Seiichi Yoshida confirman que pertenece a la familia Kreutz, específicamente al subgrupo Pe.
Para contextualizar, los cometas Kreutz son fragmentos de un cometa masivo que se fragmentó hace siglos. Este nuevo visitante parece estar ligado directamente al Gran Cometa de 1106, un cuerpo enorme que se dividió en piezas, originando algunos de los cometas más brillantes registrados en la historia.
Al examinar su ruta, las cifras resultan impresionantes. En particular, se ha determinado que viaja a una velocidad de 3,2 millones de kilómetros por hora, y con base en esto, se ha calculado el momento de su acercamiento al Sol.
Específicamente, el 4 de abril de 2026 pasará a solo 0.00547 Unidades Astronómicas del Sol, lo que equivale a unos 800.000 kilómetros de nuestra estrella. Para un objeto compuesto de hielo y roca, esto significa prácticamente rozar la superficie solar.
En este punto, la comunidad científica se debate entre la prudencia y el entusiasmo, ya que todo depende de una cuestión clave: “¿Sobrevivirá?”. Actualmente, hay dos escenarios viables en consideración, que se resumen así:
Si soporta las fuerzas gravitatorias y térmicas, el C/2026 A1 podría alcanzar un brillo extraordinario. Algunas proyecciones optimistas indican que podría superar el brillo de la Luna llena o incluso ser visible a simple vista durante el día, cerca del disco solar, un evento no visto desde el cometa Ikeya-Seki en la década de 1960.
El cronograma actual inicia a finales de marzo de 2026, cuando los entusiastas de la astronomía podrán detectarlo con telescopios. Luego, se esperará hasta el 4 de abril para verificar si sobrevive y aumenta su brillo de manera significativa, desarrollando después una cola masiva visible a simple vista en el cielo.
Como suele suceder con los cometas, son impredecibles, similares a los gatos: tienen cola y actúan a su antojo. Pero con un núcleo de 2,4 km y una trayectoria proveniente del grupo Kreutz, el C/2026 A1 es sin duda un acontecimiento a seguir de cerca, con potencial para marcar la historia.
Imágenes | NASA Hubble Space Telescope