
En el pasado, la película ‘Hijos de los hombres’ se veía como una distopía remota, pero ahora la ciencia nos hace reconsiderarla debido al notable descenso en las tasas de natalidad que observamos. Inicialmente, esto se atribuía a factores sociales, como las dificultades para acceder a una vivienda o incluso se responsabilizaba a las mujeres. Sin embargo, cada vez es más evidente que la calidad del esperma humano está disminuyendo.
De este modo, no solo estamos teniendo menos hijos porque optamos por retrasar la paternidad (lo cual también influye), sino que nuestra capacidad biológica para concebir está en franco declive. Las pruebas científicas indican que, entre 1973 y 2018, el conteo total de espermatozoides ha bajado un 62,3%. Como resultado, si los hombres poseen menos espermatozoides en general, esto reduce las probabilidades de concepción.
Además, los análisis que han monitoreado a hombres a lo largo de los años revelan que la concentración promedio de espermatozoides ha disminuido de 101 millones por ml en la década de 1970 a solo 49 millones por ml en el eyaculado actual.
Este no es un problema limitado a Europa o Norteamérica, ya que estudios recientes lo confirman también en América Latina, Asia y África, donde se registra el mismo colapso.
Aun así, lo más inquietante no es la caída acumulada, sino su aceleración. Específicamente, desde el año 2000, el ritmo de descenso ha superado el 2,6% anual, sin indicios de estabilización.
Es sencillo atribuir la reducción en la natalidad a transformaciones sociales, como el retraso en la formación de parejas o el estrés económico. Aunque estos elementos afectan las tasas de natalidad, no explican por qué la calidad del semen empeora en nuestro entorno.
Para contextualizar, un hombre de 30 años en la actualidad tiene, en promedio, la mitad de la concentración espermática que su abuelo a la misma edad.
Para comprender lo que sucede, diversas revisiones científicas señalan el estilo de vida como un factor adverso. La obesidad, el tabaquismo, el sedentarismo o las dietas ricas en ultraprocesados deterioran la calidad del esperma. Un estudio publicado en PMC en 2024 asocia directamente la obesidad con el estrés oxidativo y los desequilibrios hormonales que dañan la calidad del esperma.
Sin embargo, no solo se trata de lo que ingerimos, sino de lo que respiramos y tocamos en nuestro entorno. La exposición a microplásticos, pesticidas y disruptores endocrinos altera la producción hormonal masculina, lo que genera este serio inconveniente.
Las investigaciones de 2025 destacan dos nuevos enfoques para abordar esto. El primero es la edad paterna, ya que a partir de los 35 años no solo disminuye la motilidad de los espermatozoides, sino que aumenta la fragmentación del ADN espermático, lo que reduce su calidad.
Adicionalmente, el desbalance en las bacterias del semen explica muchos casos de infertilidad que antes se consideraban de origen desconocido. Saber que el patógeno Ureaplasma es uno de los culpables podría abrir la puerta a tratamientos personalizados.
La respuesta breve es que no enfrentamos un escenario apocalíptico en el que la humanidad se vuelva estéril de repente, pero la tendencia sí genera preocupación. Si la concentración de espermatozoides continúa descendiendo, una porción significativa de la población masculina podría caer por debajo del umbral de fertilidad natural, convirtiendo la reproducción asistida en una necesidad esencial para la perpetuación de la especie.
No obstante, hay espacio para matices, ya que un estudio de 2025 en EE.UU. sugiere que el declive podría no ser tan marcado en hombres con fertilidad confirmada, lo que indica que el problema podría concentrarse en subpoblaciones específicas o estar fuertemente ligado a factores ambientales controlables.
La noticia positiva es que, a diferencia de problemas genéticos, muchos de estos factores son modificables. La ciencia recomienda adoptar la dieta mediterránea, realizar ejercicio y controlar la obesidad como formas efectivas de mitigar este declive.
Imágenes | freestocks Mohamed Hassan