Japón ha anhelado durante años una reducción en el número de turistas. Ahora teme que China esté convirtiendo ese anhelo en realidad

BlogFebruary 17, 2026

A Japón le ha resultado abrumador el auge del turismo internacional. Esto es comprensible, dado que la depreciación del yen, el resurgimiento de la demanda después de la pausa por la pandemia y la gran fama del país en las redes sociales han elevado el número de visitantes a cifras récord. Esto ha avivado discusiones sobre el exceso de turismo y ha causado molestias en lugares muy concurridos, como Kioto, Nara u Osaka. Para controlarlo, se considera un aumento de impuestos, e incluso algunas ciudades exploran métodos para limitar la llegada de turistas extranjeros.

En la actualidad, por motivos ajenos al sector turístico, Japón enfrenta una caída en la demanda de su principal mercado: China. La cuestión es si esto representa un alivio o un riesgo para su economía.

Exceso de visitantes

Las cifras son irrefutables. Japón se ha posicionado como uno de los destinos vacacionales más atractivos. El año pasado, el país atrajo a 42,7 millones de visitantes extranjeros, un récord que supera el de 2024, cuando rozó los 37 millones.

Más allá de la comparación anual, este número destaca por dos razones. En primer lugar, la Organización de Turismo de Japón (ONTJ) nunca había registrado más de 40 millones de visitantes en un año. En segundo lugar, supera con creces los 31,9 millones de 2019, el último año antes de la pandemia. Si no hay cambios, el Gobierno aspira a llegar a 60 millones esta década, lo que inyectaría recursos significativos en la economía japonesa. Solo en 2025, los viajeros extranjeros invirtieron más de 60.000 millones de dólares.

Más allá de los ingresos

El inconveniente es que este aumento de turistas no solo implica aviones completos, hoteles ocupados y ganancias para hosteleros y comerciantes. El auge del turismo internacional ha provocado tensiones en zonas particularmente saturadas, generando situaciones casi absurdas, como en Kioto. Allí, las autoridades han vetado el acceso a “turistas paparazzi” en uno de los sitios más icónicos de la ciudad, para evitar que molesten a las geishas.

No es el único indicio de las fricciones causadas por la saturación turística. En Fujikawaguchiko, las autoridades, al no poder controlar a las multitudes ávidas de selfies, instalaron una barrera que oculta las vistas del monte Fuji. En Fujiyoshida, se canceló recientemente el festival de sakura debido a que la afluencia colapsa el tráfico, invade propiedades privadas y genera basura en los parques. Además, en Yamanashi, hace años se implementó una tarifa para subir al Fuji con el fin de proteger la emblemática montaña.

La crisis de Taiwán

Debido a giros en la geopolítica y la diplomacia, Japón se topa ahora con que su flujo récord de visitantes podría sufrir un golpe importante. Todo ello relacionado con algo distante del turismo: Taiwán. Para contextualizar, el 7 de noviembre, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, declaró en un debate parlamentario que Japón no dudaría en desplegar sus fuerzas de autodefensa si China invadiera Taiwán por la fuerza.

Aunque el Gobierno japonés afirma que su posición no ha variado, las palabras de Takaichi rompieron la “ambigüedad estratégica” que Japón ha mantenido por décadas. Esto disgustó profundamente a China. Las relaciones entre Pekín y Tokio se tensaron tanto que el gigante asiático respondió con más que protestas diplomáticas: canceló conciertos de artistas japoneses, aplazó estrenos de películas, exigió la devolución de pandas prestados a zoológicos japoneses y limitó sus exportaciones de tierras raras.

El vínculo con el turismo

En su réplica a Japón, Pekín también utilizó una de sus principales herramientas económicas: el turismo. Las autoridades chinas recomendaron a sus ciudadanos evitar Japón e incluso suspendieron decenas de rutas aéreas hacia el país. En noviembre, la BBC reportó que algunas aerolíneas chinas ofrecían reembolsos a clientes con vuelos a Japón. Este paso no sería relevante si China no fuera uno de los pilares del turismo japonés. El gigante asiático es uno de sus mayores mercados emisores, junto con Corea.

De acuerdo con la Organización Nacional de Turismo de Japón, en 2024 China fue el segundo origen principal de turistas en Japón, representando cerca del 19% de la demanda total, solo superado por Corea (24%). Esto se complementa con el 7,3% de Hong Kong y el notable aporte de Taiwán. El flujo chino es crucial por otra razón: como indica The New York Times, no solo envía muchos turistas, sino que estos gastan considerablemente en Japón.

Despedida de los turistas chinos

Aunque el conflicto entre China y Japón es reciente, sus impactos en el turismo ya se sienten. The New York Times indica que en diciembre el número de viajeros chinos cayó un 45% respecto al mismo mes de 2024. La situación no parece mejorar pronto: Japón ha desaparecido de la lista de destinos preferidos por los chinos para las vacaciones del Año Nuevo Lunar. Algunos estiman que los hoteles japoneses recibirán un 60% menos de visitantes chinos.

La relevancia del asunto

Más allá de las cifras, esta disminución en el mercado chino es un revés para el turismo japonés, que hasta hace poco parecía invencible. A pesar de la popularidad continua de Japón en el mundo y sus récords, el balance de gasto turístico entrante cayó un 2,8% en los últimos tres meses de 2025.

No es una baja drástica, pero marca el primer descenso en más de cuatro años. En noviembre, Bloomberg advirtió que el desacuerdo diplomático con China podría costarle al sector turístico japonés unos 1.200 millones en ingresos. Este dato llega en un momento delicado, mientras Japón busca estimular su economía. Por supuesto, el nuevo panorama beneficia a otros: Corea del Sur emerge como el destino favorito para los chinos que planean vacaciones.

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