México posee un vasto tesoro de energía subterráneo. El método para obtenerlo es el fracking

BlogFebruary 13, 2026

México se encuentra sobre un valioso recurso y, a la vez, sobre un terreno políticamente delicado. En el subsuelo de regiones como Coahuila, Tamaulipas y Veracruz, reposa un importante potencial energético: las sextas reservas globales de gas no convencional. Activar este recurso fue un tema prohibido durante el gobierno de López Obrador, marcado por la firme oposición al fracking. No obstante, las circunstancias han llegado hasta las puertas del Palacio Nacional.

En un cambio que marca el inicio de su administración, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una difícil elección: adherirse a su compromiso electoral de evitar la fractura hidráulica o avanzar hacia la “soberanía energética”, un objetivo emblemático de la izquierda en México, para reducir la dependencia del gas procedente de Estados Unidos. La líder ya ha optado por una ruta: asumir las consecuencias políticas.

Lo que empezó como un rumor se ha materializado en asignaciones presupuestarias y acuerdos contractuales para 2026. Las cifras son claras y confirman el viraje. Petróleos Mexicanos (Pemex) ha elevado en un 66% su presupuesto para este año en el programa “Aceite Terciario del Golfo”, pasando de 2.423 millones de pesos en 2025 a 4.016 millones de pesos en 2026, según información de Hacienda obtenida por transparencia y reportada por El Universal.

Las operaciones ya están en movimiento. El Plan Estratégico de Pemex (2025-2035) establece el comienzo de estas actividades después de las pruebas piloto del año anterior. Pemex ha otorgado los primeros “contratos mixtos” a compañías privadas como C5M, Geolis, CESIGSA y Petrolera Miahuapan. Aunque la empresa estatal mantiene la mayoría de las acciones y el control, son los inversionistas privados los que proporcionan el financiamiento y la tecnología, algo esencial para una entidad con una deuda que supera los 100.000 millones de dólares.

Sin embargo, esta inyección de fondos ha generado preocupaciones por su falta de claridad. La Alianza Mexicana contra el Fracking señala que en el Presupuesto 2026 hay más de 245.000 millones de pesos asignados a iniciativas de gas que involucran fractura hidráulica, escondidos en categorías sin detalles públicos ni transparencia, como indica El Imparcial.

El arte de los eufemismos

Si el fracking era un término vetado en la administración previa, el actual gobierno ha ideado una forma ingeniosa: modificar el lenguaje. Para esquivar el impacto político de admitir abiertamente el uso de la fractura hidráulica, las autoridades han recurrido a expresiones técnicas alternativas.

En vez de fracking, los documentos gubernamentales mencionan “yacimientos de geología compleja” o “estimulación de yacimientos”. El director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, fue enfático ante el Senado: “No vamos a hacer fracking, estamos aprovechando el desarrollo tecnológico en evaluaciones de yacimientos existentes”.

Aun así, las acciones en el campo contradicen el discurso oficial. Mientras en la capital se emplean términos suaves, en las zonas operativas prevalece la necesidad práctica. El subsecretario de Hidrocarburos de Tamaulipas, citado por El País, rompió recientemente el silencio al afirmar: “Aquí hablamos las cosas como son… fracturamiento hidráulico”.

Para comprender la escala del reto, es necesario examinar el mapa. Las expectativas de Pemex se centran en tres cuencas clave: Burgos, Tampico-Misantla y Sabinas-Burro Picachos. La Cuenca de Burgos destaca por ser la prolongación sur de Eagle Ford en Texas, uno de los depósitos de shale más productivos en el auge estadounidense. Si hay abundancia al norte de la frontera, la geología indica que también la hay al sur.

No obstante, extraer este petróleo no es simple. La experta Miriam Grunstein describe el desafío técnico con precisión: el suelo en estas áreas es un “batidero” arcilloso y el crudo tiene la consistencia de la “pasta de dientes”. Esto hace que su explotación sea extremadamente complicada, costosa y demandante en tecnología. ¿Por qué regresar a estas zonas difíciles ahora? La razón es el agotamiento. Pemex se inclina hacia lo “no convencional” porque sus grandes depósitos tradicionales se están agotando. Se trata de una estrategia para mantener los niveles de producción frente al declive natural de los campos convencionales.

Si no participas en la mesa, formas parte del menú

Tras el cambio de Sheinbaum subyace un temor geopolítico concreto. México importa el 70% del gas que utiliza de Estados Unidos. “Si Estados Unidos cierra la válvula, México se queda a oscuras”, admitió el propio titular de Pemex.

El panorama se complica aún más con el vecino del norte bajo la dirección de Donald Trump y su enfoque en los recursos naturales como cuestión de seguridad nacional. Recientemente, Washington ha implementado el Project Vault, una iniciativa para garantizar minerales críticos y contrarrestar a China, que incluye un “mapeo geológico” de los recursos en México.

La presión ha llevado al gobierno mexicano a adoptar un pragmatismo estricto. Fue el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien sintetizó la postura de México ante las demandas de integración energética de EEUU con una frase contundente: “Si no estás en la mesa participando, estás en el menú”. México ha elegido unirse a la mesa del fracking para no ser consumido.

Además, la escasez de fondos obliga a esta apertura. Reactivar los pozos identificados demanda inversiones inmediatas de más de 1.000 millones de dólares, recursos que ahora provendrán de los asociados privados. La decisión está firme, pero los beneficios no serán rápidos. Aunque la inversión crece en 2026, los expertos indican que la explotación a gran escala tomará entre tres y cuatro años para generar resultados concretos.

Las estimaciones optimistas del gobierno sugieren que, en su etapa de mayor expansión, estos depósitos podrían sumar unos 300.000 barriles diarios adicionales. Para lograrlo, el esquema de “Contratos Mixtos” será estándar: Pemex recibe bonos inmediatos por la asignación (casi 50 millones de dólares solo en la primera ronda) y permite que los privados asuman el riesgo operativo y financiero.

Un costo elevado

El precio de esta elección ya se refleja en la credibilidad ante los seguidores. Grupos como Greenpeace y la Alianza Mexicana contra el Fracking han criticado a Sheinbaum por “traicionar al pueblo que la eligió”.

El aspecto más preocupante es el agua. En un país afectado por la sequía, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) calcula que se necesitan 5,7 millones de litros de agua por pozo. Greenpeace aumenta la alerta al mencionar los monster fracks de Texas, que consumen hasta 151 millones de litros. El peligro de contaminación de acuíferos y la competencia por el agua con las comunidades agrícolas representa un riesgo social latente.

Políticamente, el asunto ha creado una división en la Cuarta Transformación. Mientras el Partido Verde apoya la medida por sus “beneficios económicos”, diputadas de Morena como Xóchitl Zagal se han pronunciado “totalmente en contra”, describiendo la técnica como “no negociable”, según reporta La Nación.

Lo que se juega no es solo un método de extracción, sino el modelo de nación. Frente a la amenaza de un corte de suministro y la influencia de Washington, la presidenta con formación científica ha debido dejar de lado sus principios ambientales. La elección estratégica ya se ha ejecutado a través del presupuesto; ahora resta observar si el subsuelo y la oposición social permiten su realización.

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