
Por décadas, la ciencia cognitiva ha establecido una clara distinción entre los humanos y otros animales en cuanto a la imaginación. Aunque los animales pueden utilizar herramientas y resolver problemas complicados, la habilidad para separarse de la realidad presente e imaginar situaciones inexistentes se veía como algo único de los humanos. Eso cambió con Kanzi.
Kanzi es un bonobo reconocido a nivel global por su habilidad para comunicarse mediante lexigramas. Ahora, ha sido el centro de un estudio difundido esta semana en la revista Science, que podría alterar los textos sobre evolución. Esto se debe a que Kanzi no solo solicita comida, sino que también finge consumirla cuando no está presente, y lo hace con plena conciencia.
El estudio, lanzado a inicios de este mes, ofrece la prueba más fuerte hasta ahora de la representación de objetos simulados en un gran simio. Para un humano, pretender tomar un café al imaginar una taza en la mano es algo simple. Sin embargo, hasta recientemente, esto se consideraba imposible en simios.
Para probar que esta suposición era errónea, el estudio creó un experimento en el que Kanzi se sentó e interactuó con objetos vacíos. Específicamente, los investigadores simularon verter jugo de una botella vacía en un vaso o comer “uvas” que no existían. Lo notable es que no se trató de mera imitación; Kanzi participó en el juego con una precisión impresionante, como si realmente lo visualizara.
El propósito era eliminar la posibilidad de que Kanzi solo copiara acciones sin comprender el concepto subyacente. Para ello, el equipo preparó tres pruebas. En la primera, un investigador fingió verter jugo en uno de varios vasos vacíos. Luego, se le pidió a Kanzi que interactuara con ellos al seleccionar uno.
En el 68% de las 50 pruebas, Kanzi optó por el vaso que “contenía” el jugo imaginario, pasando por alto los otros vasos idénticos pero “vacíos”.
Este es el aspecto clave de la investigación, ya que si Kanzi estuviera confundido, trataría el jugo real y el imaginario de la misma forma. No ocurrió así, pues cuando se le dio a elegir, Kanzi prefirió el objeto real en el 78% de los casos. Esto podría parecer menor, pero indica que sostiene dos representaciones mentales al mismo tiempo: la realidad física del vaso vacío y la realidad simulada donde jugamos a que el vaso tiene jugo.
Lo mismo sucedió cuando se usaron uvas imaginarias en lugar de jugo, donde Kanzi alcanzó un 69% de éxito al identificar la ubicación de la comida fingida.
El concepto técnico examinado aquí es la representación secundaria desacoplada, que se refiere a la capacidad del cerebro para mantener una imagen del mundo que contradice la información sensorial directa, es decir, lo que se ve o se oye.
Hasta ahora, se discutía si esta habilidad emergió con el lenguaje humano moderno, pero los hallazgos con Kanzi indican que esta “chispa” de la imaginación ya existía en el ancestro común que compartimos con bonobos y chimpancés, hace entre 6 y 9 millones de años.
Esto también modifica nuestra visión del juego en la infancia, ya que cuando un niño de dos años toma una banana y finge que es un teléfono, está desarrollando una capacidad cognitiva que la evolución ha estado perfeccionando mucho antes de la existencia de teléfonos o bananas cultivadas.
Es importante notar que estos experimentos no se realizaron con un bonobo común, sino con uno “enculturado” que ha vivido rodeado de humanos y ha sido entrenado en el uso de lexigramas, lo que le otorga habilidades excepcionales.
Esto genera críticas, como las del psicólogo comparativo Daniel Povinelli, quien sostiene que estos resultados podrían derivar de un entrenamiento intensivo que “humaniza” la mente del simio, en lugar de ser una capacidad natural en estado silvestre. No obstante, la investigación incluye controles estrictos para garantizar que Kanzi no respondía a señales humanas.
Imágenes | Will Rust