Un número creciente de atletas opta por el jugo de pepinillos para combatir los calambres: la perspectiva de la ciencia nutricional

BlogFebruary 12, 2026

En los últimos días, el mundo del deporte de élite no para de hablar de un tema: figuras como Carlos Alcaraz y Tadej Pogačar han dejado de lado las bebidas isotónicas más sofisticadas para recurrir a algo simple y cotidiano: la salmuera de los pepinillos.

En el ámbito del deporte de alto nivel, la frontera entre innovaciones brillantes, tendencias ridículas y creencias irracionales es extremadamente delgada. Por eso, surge la pregunta: ¿hay algo de lógica en esto?

Para aclararlo, en disciplinas de resistencia y alto rendimiento se ha extendido la práctica de tener a mano “pickle juice” (la salmuera de los encurtidos) o productos similares para detener los calambres una vez que han comenzado.

Y no es sorprendente que se haya difundido. Para comenzar, los calambres relacionados con el ejercicio son una de las experiencias más frustrantes. Además, durante mucho tiempo, nos equivocamos al atribuirlos solo a la deshidratación y la pérdida de sales, pero ahora se sabe que son un fenómeno mucho más complejo de lo que se pensaba.

De hecho, todo apunta a que el problema principal está relacionado con un control neuromuscular alterado más que con otros factores.

En este escenario entran los pepinillos. Existe evidencia (aunque limitada) que indica que la salmuera es efectiva. Sin embargo, no por las razones que comúnmente se cree: los científicos notaron que actúa demasiado rápido para que se trate de una reposición de electrolitos. Simplemente, no hay tiempo suficiente para que el cuerpo procese eso fisiológicamente.

¿Cuál es la explicación entonces? El mecanismo sigue siendo un misterio. La teoría más sólida actualmente sugiere que estos líquidos interactúan con el reflejo orofaríngeo: un sabor muy ácido, irritante o intenso podría activar ciertos receptores y, como resultado, generar una respuesta neurológica que reinicia y corrige el control neuromuscular.

Esto es relevante porque, si es así, no reemplazan estrictamente a las bebidas isotónicas cuando estas son necesarias. Al menos, no de inmediato.

¿Es razonable? Desde un punto de vista científico puro, lo más sensato es considerar que hay alguna evidencia que sugiere que funciona en ciertas personas. No obstante, hasta ahora no hay pruebas de que sea más efectivo que los métodos tradicionales, como estiramientos o ajustes en la carga.

En este contexto, vale la pena recordar que en el deporte de élite, la superstición juega un rol fundamental.

¿Superstición? Gracias a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, se popularizaron las cintas de kinesio, unas tiras de colores vistosos que se supone ayudan en casi todo, pero cuyos efectos no están demostrados. En los Juegos de Río 2016, el auge fue el cupping. Como se ha señalado, los atletas son extremadamente supersticiosos.

Y lo son porque les resulta útil. Desde los años ochenta, se sabe que los rituales deportivos tienen un impacto positivo en el rendimiento. Curiosamente, el incremento en la autoeficacia percibida suele correlacionarse con una mejora en el desempeño real. En resumen, los estudios indican que estos rituales ayudan a reforzar los sentimientos de control y confianza que podrían fallar en momentos de alto estrés.

No importa si se trata de unos calzoncillos de la suerte o un trago de salmuera: funcionan más allá de su base fisiológica plausible.

El verdadero problema radica en otro aspecto. Quiéranlo o no, los atletas sirven como modelos para el público general. Con estas tendencias, propagan creencias pseudocientíficas en la sociedad y estimulan negocios en compañías con pocos escrúpulos.

Algo que, en sí mismo, es mucho más complicado que simplemente beber jugo de pepinillos.

Imagen | Ketut Subiyanto

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