Los baby boomers inventaron la “crisis de los 40”. La Generación Z enfrenta algo diferente: la depresión de los 20

BlogDecember 25, 2025

Por años, tanto la psicología como la economía han aceptado como un hecho establecido que la satisfacción con la vida sigue una curva en forma de U: somos más felices en la juventud, alcanzamos un punto bajo durante la mediana edad (conocida como la crisis de los 50) y recuperamos el bienestar en la vejez. Sin embargo, esta idea se ha derrumbado por completo.

El estudio. Una investigación publicada en PLOS ONE ha desafiado por completo este consenso. Al examinar datos de más de un millón de individuos en 44 países, los resultados son inequívocos: la curva de la infelicidad ya no existe.

Adiós a la crisis de los 50. Los hallazgos revelan un profundo cambio en la forma en que vivimos nuestras etapas vitales. Esto pone fin al patrón de “joroba”, donde un gráfico de la infelicidad mostraba un pico máximo entre los 40 y 50 años. En su lugar, la gráfica ahora es una línea descendente.

En Estados Unidos, los indicadores señalan una realidad preocupante. En 1993, solo el 2,9% de los jóvenes menores de 25 años reportaban una condición de “desesperación”, definida como un mes completo de mala salud mental. Para 2023, esta cifra se elevó al 8%, superando a los grupos de mediana edad que tradicionalmente encabezaban estas estadísticas.

La brecha de género. Aunque el declive afecta a la juventud en general, el estudio de Blanchflower destaca una disparidad alarmante. En el Reino Unido, según datos del UKHLS recopilados entre 2009 y 2023, el porcentaje de mujeres jóvenes con problemas graves de salud mental aumentó del 4,4% al 12,7%.

Aquí no se trata de una melancolía temporal, sino de indicadores clínicos de ansiedad y depresión, que son trastornos mentales extremadamente serios. De este modo, el estudio sugiere que la “crisis del cuarto de vida” ha reemplazado por completo a la crisis de la mediana edad.

Las causas. Podría ser fácil atribuir todo este fenómeno al COVID-19 y su impacto en la salud mental, pero los datos indican que la pandemia solo aceleró un problema preexistente.

Existen varios factores clave para entender lo que ocurre en la mente de los jóvenes, como la inestabilidad económica, la falta de seguridad laboral o el complicado acceso a la vivienda. Esto crea un entorno ideal para que surjan graves problemas mentales, ya que los jóvenes ven obstaculizados sus metas, como obtener un empleo estable y un lugar propio para vivir.

El impacto de la tecnología. No se puede ignorar que la Generación Z ha crecido prácticamente con un teléfono móvil en la mano, lo que también ha contribuido a que sea una de las generaciones más aisladas. En España, las encuestas muestran que el 69% de los jóvenes han experimentado soledad en algún momento, sin importar cuántos seguidores tengan en redes sociales o cuántas interacciones sociales mantengan.

Entre los elementos que fomentan esto se incluyen las dificultades para independizarse y para formar conexiones profundas con otros. Todo ello se ve agravado por la inestabilidad de no permanecer en el mismo empleo o tener que mudarse para cursar estudios específicos.

Un gran desafío. Nos encontramos ante un giro paradigmático a nivel global, lo que genera una enorme presión sobre los sistemas de salud pública. Esta crisis del cuarto de vida coincide con un incremento en los suicidios entre los jóvenes en España, por lo que es esencial fortalecer los servicios de salud mental para combatir esta epidemia de infelicidad que afecta a la población más joven.

En resumen, estamos presenciando un transformación mundial que también altera los niveles de felicidad en distintos grupos etarios.

Imágenes | Mathias Reding, Anthony Tran

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