Durante décadas, el mundo ha estado fascinado por el colapso maya. En realidad, mucho de lo que pensábamos saber era incorrecto

BlogFebruary 15, 2026

Los mayas cultivaron tierras, criaron animales, construyeron algunas de las estructuras más impresionantes del mundo y desarrollaron una cultura rica que incluía conocimientos astronómicos avanzados que aún desconciertan a los especialistas. Representan una de las civilizaciones más cautivadoras del planeta, y con buena razón, ya que sin ellos no se puede narrar la historia de América Central. Sin embargo, a medida que la tecnología nos permite explorar sus misterios con mayor profundidad, surge una revelación: gran parte de lo que creíamos sobre los mayas era inexacto.

Y eso abarca su colapso.

¿Qué sucedió con los mayas?

La pregunta es simple, pero su respuesta es compleja. Con el avance de nuestro entendimiento sobre la civilización maya, impulsado por herramientas como la tecnología LiDAR, la visión de los historiadores sobre su declive ha evolucionado. Recientemente, Marcus Haraldsson lo recordó en The Guardian al hablar de Tikal, uno de los principales centros urbanos mayas ubicado en lo que ahora es Guatemala.

¿”Repentino y desastroso”?

La estela más reciente encontrada en el sitio data del año 869 d.C., lo que plantea interrogantes sobre lo que ocurrió en Tikal después de esa fecha. Por un tiempo, los historiadores consideraron un colapso “repentino y desastroso” como explicación, pero hoy esa idea parece cada vez más distante.

En cambio, los expertos prefieren hablar de un extenso período de decadencia que duró unos 200 años, durante el cual los agricultores se mudaron hacia el norte y el sur, y los grandes centros urbanos fueron abandonados en favor de sitios como Chichén Itzá, Uxmal o Mayapán, en el norte de la península de Yucatán. Incluso se menciona el período Clásico Terminal, que abarca desde el 750 hasta el 1050 d.C.

Cambiando la perspectiva

Esta visión ha ido ajustándose con el paso de las décadas y va más allá del declive de la civilización maya.

“Ya no hablamos realmente de colapso, sino de declive, transformación y reorganización de la sociedad, así como de una continuidad de la cultura”, explica a The Guardian Kenneth E. Seligson, profesor asociado de arqueología en la Universidad Estatal de California (CSU). “Se han producido varios cambios similares en lugares como Roma. [Pero] ya casi nunca hablamos del gran colapso romano porque resurgieron de diversas formas, igual que los mayas”.

Pero… ¿Qué ocurrió?

Qué pasó exactamente para que muchos de los principales asentamientos mayas (no todos) comenzaran a derrumbarse en los siglos IX y X sigue siendo un tema complicado y muy debatido. Hoy, los investigadores apuntan a una combinación de factores, como cambios en las rutas comerciales, condiciones climáticas adversas, sequías graves y prolongadas, y guerras, entre otros. En pleno 2026, los científicos continúan recolectando evidencias que ayudan a resolver enigmas sobre esa época.

La importancia del agua

No hace falta retroceder mucho para encontrar descubrimientos recientes sobre el colapso maya. En agosto pasado, un equipo de científicos publicó un artículo que destacaba el “importante papel” de las “sequías prolongadas” en el declive maya. Para su investigación, analizaron una estalagmita de una cueva en Yucatán, un valioso recurso geológico y arqueológico al examinar sus isótopos de oxígeno.

El análisis reveló una serie de períodos de sequía severa entre el 871 y el 1021 d.C., durante el Clásico Terminal, etapas de escasez de agua en las que a los mayas les resultó “extremadamente difícil” mantener sus cultivos.

Puede sonar extremo, pero el estudio identificó ocho sequías durante las temporadas de lluvias que duraron al menos tres años. Además, la más larga se extendió por unos 13 años. Investigaciones previas, basadas en sedimentos de la laguna Chichankanab o estalactitas de Belice, ya habían sugerido el rol del clima en el colapso maya.

Cuestión de sequías (y algo más)

Meses después, en noviembre, Benjamin Gwinneth, de la Université de Montréal (UdeM), publicó otro estudio que complementa el panorama. La institución canadiense recuerda que entre el 750 y el 900 d.C., la población de las tierras bajas mayas experimentó “un importante declive demográfico y político” que coincidió con “episodios de intensa sequía”.

Lo que cuestiona el trabajo de Gwinneth es que el colapso se explique solo por la falta de agua. Su investigación se basa en el análisis de muestras de sedimentos que datan de hace unos 3.300 años.

¿Y qué hizo exactamente?

Gwinneth analizó muestras de la Laguna Itzán, en la actual Guatemala, cerca de un yacimiento arqueológico maya. Se enfocó en tres “indicadores geoquímicos” que muestran la evolución de los incendios, la vegetación y la densidad poblacional en el área (estimada mediante estanoles fecales) desde hace miles de años.

La primera conclusión es que los primeros asentamientos surgieron hace 3.200 años, y durante siglos los mayas cultivaron, quemaron bosques para despejar terrenos y usaron las cenizas como fertilizante natural. La población también creció gradualmente. Con el tiempo, incluso cambiaron su “estrategia agrícola”, dejando de lado el fuego.

Un clima “estable”

La segunda conclusión (y la más intrigante) es que, a diferencia de poblaciones mayas más al norte que sufrieron “sequías devastadoras”, en Itzán el clima fue relativamente “estable” gracias a su ubicación cerca de la Cordillera. Sin embargo, eso no evitó que Itzán enfrentara la crisis que afectó a otras áreas mayas. La pregunta es clara: ¿Por qué? Si allí seguía lloviendo, ¿qué los llevó a la crisis?

“Aunque no hubo sequía en la zona, la población disminuyó durante el período Clásico Terminal. Los indicadores muestran una caída drástica, desaparecen los rastros de agricultura y el sitio fue abandonado”, señala Gwinneth, quien recuerda que algunos arqueólogos ubican el inicio del colapso maya en el área de Itzán.

¿Por qué es importante?

Porque indica que la sequía por sí sola no explica el declive maya. “La respuesta reside en la interconexión de las sociedades mayas”, reflexiona el experto. “Las ciudades no existían de forma aislada. Formaban una compleja red de lazos comerciales, alianzas políticas y dependencia económica”, agrega el investigador.

“Efecto dominó” catastrófico

No fue necesario que Itzán experimentara directamente la falta de precipitaciones. Cuando sus vecinos en las tierras bajas centrales empezaron a sufrir escasez de agua, pudo desencadenarse “una crisis en cascada”, con conflictos por recursos, colapsos de dinastías gobernantes, migraciones masivas y la interrupción de rutas comerciales.

“Itzán cayó en ruinas no por falta de agua, sino porque se vio atrapada en el caos cuando el sistema del que formaba parte se derrumbó”, resumen desde la UdeM. No hizo falta una sequía para el colapso general. De ser cierta esta teoría, la propia “interdependencia” entre ciudades mayas provocó un “efecto dominó” fatal. La propuesta de Gwinneth es notable porque sugiere que, más allá del clima, el colapso fue un fenómeno complejo influido por la economía y la política.

Buscando las preguntas correctas

Lo más curioso de la cultura maya es que, pese a la fascinación que ha generado durante décadas en la cultura popular, nuestro conocimiento sobre ella aún está lejos de ser completo. De hecho, seguimos llegando a conclusiones sorprendentes, como la de un equipo en 2025 que usó LiDAR para estudiar asentamientos mayas.

Mediante escaneos láser aéreos, los científicos concluyeron que la población maya pudo ser mucho mayor de lo estimado, alcanzando entre 9,5 y 16 millones de personas en áreas de lo que hoy es Guatemala, sur de México y oeste de Belice durante la era Clásica Tardía (600-900 d.C.). Este dato supera ampliamente las estimaciones previas, que hablaban de apenas un par de millones de habitantes.

“Esperábamos un aumento modesto en las estimaciones, pero observar un incremento del 45% fue sorprendente”, reconoce el profesor Francisco Estrada-Belli, uno de los miembros del equipo. Esa alta densidad poblacional confirma que las tierras bajas mayas estaban

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