
En su reciente viaje apostólico a España, el Papa León XIV ha dejado un mensaje profundo y reflexivo sobre la importancia de la "mística con los ojos abiertos" para abordar los desafíos de la polarización y la división en la sociedad actual. Al dirigirse a las autoridades políticas...
En su reciente viaje apostólico a España, el Papa León XIV ha dejado un mensaje profundo y reflexivo sobre la importancia de la “mística con los ojos abiertos” para abordar los desafíos de la polarización y la división en la sociedad actual. Al dirigirse a las autoridades políticas y el cuerpo diplomático en el Palacio Real de Madrid, León XIV hizo hincapié en la necesidad de una cultura del encuentro que genere estabilidad y prosperidad.
Según fuentes, el Papa destacó que la polarización es, en esencia, una corrupción del lenguaje, donde las palabras se divorcian del silencio y nacen del ruido en lugar de la atención. Esto conduce a una sociedad donde la comunicación se vuelve divisiva y acaba dividiendo a la sociedad misma. La “cultura del encuentro” propuesta por León XIV se basa en la idea de que la palabra purificada en el silencio une, mientras que la palabra que solo compite divide.
León XIV se refirió a dos grandes místicos españoles, Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, para proponer una mística con los ojos abiertos. Esta fórmula desmonta la caricatura común del místico como alguien retirado del mundo con los ojos cerrados. En cambio, los maestros españoles enseñan que la mística es un descenso a la raíz de la realidad, donde se percibe la totalidad que escapa a los sentidos y al silogismo. El Papa extrajo lecciones políticas de la noche oscura de San Juan de la Cruz y del castillo interior de Teresa de Ávila, destacando la importancia de intuir la luz en la tiniebla y de encontrar el espacio para el otro en el propio corazón.
El mensaje de León XIV es una invitación a pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad, tarea que corresponde a quienes tienen una gran historia a sus espaldas. La democracia, para ser sostenible, necesita ciudadanos que sepan contemplar y no reduzcan la realidad a lo medible o vendible. La vocación callada y exigente que León XIV ha puesto ante nuestro tiempo es mantener abierto el “tercer ojo” de la contemplación, tanto en la plaza pública como en la introspección personal, para aprender a ver en la oscuridad y así comenzar toda reconciliación posible.
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