
Introducción Después del devastador terremoto del 10 de agosto de 2026, los colombianos de Manizales han encontrado consuelo y esperanza en la adoración eucarística. La parroquia Santa Ana se convirtió en un centro de adoración y reflexión, donde los fieles pudieron encontrar apoyo espiritual y emocional en medio de la tragedia.
Después del devastador terremoto del 10 de agosto de 2026, los colombianos de Manizales han encontrado consuelo y esperanza en la adoración eucarística. La parroquia Santa Ana se convirtió en un centro de adoración y reflexión, donde los fieles pudieron encontrar apoyo espiritual y emocional en medio de la tragedia. Según fuentes, la jornada de adoración eucarística fue organizada por el párroco, P. Luis Fernando Yepes, y la Clínica del Alma, dirigida por el P. Duberley Salazar.
El terremoto ha dejado una estela de destrucción en Manizales, con 590 familias evacuadas de sus viviendas y edificios, y más de 4.000 estructuras damnificadas. Además, se reportan 211 heridos y 6 fallecidos. En este contexto, la iniciativa de la iglesia Santa Ana busca brindar apoyo pastoral y espiritual a los afectados. El P. Duberley Salazar destacó que la Iglesia quiere ser “madre que acoge y hospital para las almas heridas”.
La jornada de adoración eucarística incluyó la celebración de la Santa Misa, ofrecida por los fallecidos, heridos y afectados por el terremoto. Luego, se llevó a cabo la adoración eucarística, donde el P. Yepes reflexionó sobre la Palabra de Dios, centrada en los pasajes evangélicos de la tempestad calmada y los discípulos de Emaús. El P. Salazar destacó que la adoración eucarística fue un momento de encuentro con Jesús, quien permanece con los fieles en medio de la tribulación.
La adoración eucarística en la parroquia Santa Ana de Manizales ha sido un ejemplo de cómo la fe puede ser una fuente de consuelo y esperanza en momentos de crisis. Aunque el terremoto ha dejado una gran devastación, la comunidad ha encontrado en la adoración eucarística un espacio para reflexionar, rezar y encontrar apoyo espiritual. Como dijo el P. Salazar, “el terremoto pudo sacudir la tierra, pero no pudo sepultar la esperanza”.
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