
El Cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, intervino ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el pasado 26 de septiembre, durante la apertura del 81. º periodo de sesiones, con un mensaje que sitúa el desarme en el centro del debate diplomático internacional. En su alocución, el purpurado reconoció el derecho de las...
El Cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, intervino ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el pasado 26 de septiembre, durante la apertura del 81.º periodo de sesiones, con un mensaje que sitúa el desarme en el centro del debate diplomático internacional. En su alocución, el purpurado reconoció el derecho de las naciones a la legítima defensa, pero advirtió con firmeza que este principio no debe convertirse en un pretexto para el rearme masivo. La intervención se produjo bajo el lema elegido por la ONU para esta asamblea: “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos”.
El Cardenal Parolin citó la encíclica Magnifica humanitas del Papa León XIV, en la que el pontífice subraya la necesidad urgente de transitar desde una “cultura del poder” hacia una auténtica “cultura de la negociación”. Según el secretario de Estado, el diálogo y la diplomacia deben consolidarse como los medios habituales para resolver conflictos. Esta postura no es aislada: en mayo, el Papa León XIV rechazó públicamente la afirmación del presidente estadounidense Donald Trump de que él respaldaba las armas nucleares, y en julio escribió el prólogo del libro Disarmed and Disarming: Peace Is a Gift, donde citó al cantante Bob Dylan para criticar la fabricación de bombas nucleares durante la Guerra Fría.
La advertencia de Parolin sobre las armas nucleares y autónomas cobra relevancia en un contexto global donde varias potencias han incrementado sus presupuestos militares. El prelado fue explícito: “No es posible una paz verdadera sin una auténtica voluntad común de desarme; el derecho legítimo de todo pueblo a proveer a su propia defensa no debe degenerar en una carrera hacia un rearme masivo”. Este pronunciamiento refuerza la posición histórica de la Santa Sede en foros multilaterales y conecta con una tendencia creciente de organismos internacionales que alertan sobre los riesgos de una nueva carrera armamentista.
Como resultado, la intervención del Vaticano no solo respalda la doctrina de la Iglesia sobre la paz, sino que también plantea un desafío directo a las naciones que justifican el aumento de sus arsenales bajo el argumento de la seguridad nacional. La pregunta que subyace, según fuentes diplomáticas, es si la comunidad internacional está dispuesta a priorizar la negociación sobre la disuasión militar.
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