
La deuda soberana de las economías avanzadas regresó a territorios que solo se habían visto en momentos excepcionales de la historia reciente. Según las proyecciones presentadas por Juan David Ballén, director de Estudios Económicos y de Mercado de Aval Asset Management, el endeudamiento de los países ricos alcanzaría el 113% del PIB en...
La deuda soberana de las economías avanzadas regresó a territorios que solo se habían visto en momentos excepcionales de la historia reciente. Según las proyecciones presentadas por Juan David Ballén, director de Estudios Económicos y de Mercado de Aval Asset Management, el endeudamiento de los países ricos alcanzaría el 113% del PIB en 2030, un nivel cercano a los picos registrados tras la Segunda Guerra Mundial y durante la pandemia. Los datos, reportados por Portafolio y basados en información del Fondo Monetario Internacional (FMI) y en cálculos propios de la firma, dibujan un escenario de presión fiscal prolongada.
La comparación histórica resulta elocuente. En 1946, la deuda de las economías avanzadas llegó al 122% del PIB; en 2020, el año de la crisis sanitaria, escaló hasta el 117%. Aunque el 113% proyectado para 2030 se ubica por debajo de ambos registros, lo relevante —según el analista— es que mantiene a estos países en una zona asociada a crisis de gran magnitud. Las economías emergentes no escapan a la tendencia: su deuda soberana llegaría al 90% del PIB en el mismo horizonte, aunque todavía por debajo del bloque desarrollado.
Ballén identificó varios factores que explican por qué la deuda no cede, más allá de episodios coyunturales:
El directivo también planteó un incentivo económico que conviene leer con cautela: en un mundo con deuda abundante, crece el atractivo de estimular el crecimiento nominal —actividad más precios— para diluir el peso real de las obligaciones. Se trata de una lectura de incentivos, no de un pronóstico inflacionario. En paralelo, la búsqueda de productividad conecta el frente fiscal con la carrera tecnológica: inteligencia artificial, energía, semiconductores y automatización dejan de ser solo apuestas industriales para convertirse en estrategias de sostenibilidad fiscal. Como resultado, el analista anticipa que los activos reales y tangibles podrían ganar terreno en las carteras, sin que ello garantice su valorización.
El panorama hacia 2030 combina demografía, costo del financiamiento y productividad. La conclusión, según fuentes del mercado, es que el debate sobre la deuda global ya no gira en torno a un pico puntual, sino a la capacidad de sostenerlo en el tiempo.
🤖 Este artículo fue creado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por un periodista.
Fuente: www.portafolio.co





