
Introducción En la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, el Papa León XIV reflexionó sobre la verdadera belleza y su fundamento en el amor. Desde la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo, el Santo Padre celebró la Santa Misa y destacó que la glorificación de...
En la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, el Papa León XIV reflexionó sobre la verdadera belleza y su fundamento en el amor. Desde la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo, el Santo Padre celebró la Santa Misa y destacó que la glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin.
El Papa León XIV comenzó su discurso destacando que, a lo largo de la historia del arte cristiano, se ha representado a la Santísima Virgen como una joven hermosa que se eleva hacia el Cielo en el momento final de su vida terrena. Sin embargo, esta imagen contrasta con la experiencia de lo que produce en nosotros el paso de los años, cuando nuestro cuerpo no se hace más ágil, sino más pesado, y la piel no se vuelve más fresca, sino que muestra los signos de la vejez.
Para comprender esta realidad, el Papa León XIV indicó que debemos mantener unidos los signos que son el cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su corazón inmaculado. En Ella y en nosotros, es la pureza del alma la que por gracia de Dios ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo. La Asunción de María invita a todos los católicos a revisar muchos de los cánones estéticos, sobre todo de tipo hedonista y consumista, que el mundo de hoy impone y que corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados.
El Papa León XIV invitó a aprender a leer la belleza divina que nos rodea y para la que hemos sido creados, en lo más sencillo de nuestra cotidianidad: en el rostro de un niño y en las arrugas de un anciano, en la vivacidad de los jóvenes y en la compostura de los adultos. El amor es el ornamento más hermoso del hombre: el amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida.
Finalmente, el Papa León XIV recordó que la comunidad cristiana se ve a sí misma en María, la mujer del Apocalipsis, y que en su humanidad santa, por gracia de Dios, está también la nuestra. Estamos llamados a vivir su misma plenitud de vida y a compartir su misma gloria. La reflexión del Papa León XIV nos invita a reflexionar sobre la verdadera belleza y a buscarla en el amor y la pureza del corazón, más allá de los condicionamientos estéticos y consumistas del mundo actual.
🤖 Este artículo fue creado con ayuda de inteligencia artificial y revisado por un periodista.





