
En una zona famosa por su tranquilidad, el estruendo de metal chocando contra metal se transformó este domingo en un llamado de auxilio. Carmen F. Peña, líder de la Asociación Vecinal de San José y El Pozo de los Frailes, detalla la situación local: “Los cortes de luz son silenciosos, todo se detiene y se queda en calma”. No obstante, para romper esa inmovilidad, los residentes optaron por generar ruido. Según palabras de Peña citadas en una columna de opinión regional, la manifestación fue “la metáfora de un grito”, un acto ruidoso para enfrentar la oscuridad que inmoviliza sus rutinas.
La escena de este fin de semana, según reportes gráficos de medios locales, evocaba a una “manada de cincuenta cabezas de ganado” recorriendo los pueblos; una “melodía infernal de protesta” formada por sartenes, ollas y cacerolas que retumbaban juntas para transmitir un mensaje directo: el cansancio es total. Aunque el ambiente fue de reclamo y en parte festivo, como indican las crónicas, el fondo revelaba un “profundo malestar”.
El inconveniente va más allá de no poder iluminar una habitación; se trata de supervivencia económica y seguridad. Juan, representante de la Asociación de Vecinos El Playazo de Rodalquilar, explicó a los medios la angustia del aislamiento: “El último corte ocurrió el jueves y duramos 24 horas sin electricidad. No hay suministro, no hay telefonía, estamos completamente desconectados”. Este residente cuenta cómo trató de contactar al 112 y al 062 sin éxito por falta de señal, forzándolos a viajar en auto para obtener datos.
El efecto económico es inmediato y destructivo. De acuerdo con informes de la prensa de Almería, el Restaurante 340 tuvo que desechar todo su stock de pescado después de un día completo sin energía, justo al inicio de la temporada. Los terminales de pago dejan de operar y los aparatos se dañan por las fluctuaciones constantes de voltaje. La percepción de abandono es tan fuerte que la Coordinadora Vecinal describe la situación como “tercermundista” y propia del “medievo, con velas y lámparas de aceite”. Alertan sobre el peligro real para la salud, ya que si alguien dependiente enfrenta una emergencia durante un apagón, la ausencia de cobertura telefónica bloquea la solicitud de ayuda.
Aunque la reciente borrasca “Kristin” golpeó la provincia con vientos de hasta 150 kilómetros por hora, empeorando el escenario y causando la caída de postes, los residentes y el Ayuntamiento insisten en que el clima es solo un pretexto, no el origen principal. Según las denuncias de los afectados, no se necesita un temporal mayor; los cortes suceden con viento o lluvia simples. Es un asunto estructural: las infraestructuras eléctricas en el área datan de “30 o 40 años” de antigüedad.
Además de los apagones mayores, los pueblos han soportado “decenas de microcortes diarios” por más de un mes y la pérdida de señal de televisión privada desde hace casi dos meses. El alcalde de Níjar, José Francisco Garrido, ha indicado que los problemas en lugares como Agua Amarga son una “constante tanto en invierno como en verano”, lo que implica que la red no puede manejar la demanda estacional.
Lo que pasa en Níjar es un síntoma local de un mal nacional. España enfrenta un “gran atasco eléctrico”: el país ha acelerado la colocación de parques eólicos y solares, pero el sistema se topa con un obstáculo invisible, la escasez de cables para transportar esa energía. La red eléctrica española ha “colapsado” administrativamente y, en la práctica, está cerrada para nuevos proyectos en muchas áreas.
Este cuello de botella justifica por qué las soluciones demoran. Hay una falta crónica de inversión en la infraestructura básica: mientras Europa invierte en promedio 70 céntimos en redes por cada euro de generación renovable, España solo alcanza 30 céntimos. Esto ha generado un conflicto abierto donde las grandes compañías eléctricas culpan a Red Eléctrica de invertir por debajo de lo planificado, causando la precariedad actual.
La situación es tan grave que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha pospuesto tres meses la publicación de los mapas de capacidad debido al temor de que el 90% de los nudos de la red muestren capacidad nula. En otras palabras, aunque en Níjar se demanden mejoras, el sistema nacional sufre una “trombosis” burocrática y física que complica cualquier progreso rápido.
La Coordinadora vecinal ha lanzado una campaña de firmas en Change.org pidiendo un plan de acción inmediata y garantías de suministro. Advierten que, sin avances, no descartan “intensificar las protestas con la convocatoria de una manifestación unitaria”.
En el ámbito institucional, el Ayuntamiento de Níjar ha enviado un documento formal a la empresa distribuidora, E-Distribución Redes Digitales SLU (filial de Endesa), solicitando explicaciones. Fuentes de la compañía han informado a agencias de noticias que se planea una reunión esta semana para detallar los programas de reforma, asegurando que “muchos de los cuales han empezado a tramitarse”. Sin embargo, el escepticismo prevalece entre los residentes, ya que una reunión similar en julio de 2023 no produjo resultados concretos.
La situación en Cabo de Gata no es aislada, sino parte de un patrón más amplio de pobreza energética y falta de inversión en infraestructuras en el sur de España. Según investigaciones periodísticas, barrios de Sevilla y Granada, así como áreas de Almería capital como La Chanca o Pescadería, experimentan cortes de luz diarios, especialmente en verano. En esos casos, al igual que en Níjar, los residentes denuncian que “Endesa no tiene mantenimiento alguno” y que las instalaciones están obsoletas, dejando a miles de personas vulnerables ante temperaturas extremas.
La diferencia en Cabo de Gata es que el impacto afecta directamente a una industria turística esencial. Como enfatiza el alcalde de Níjar, “no podemos normalizar cortes continuos en un municipio que tiene una fuerte dependencia del sector turístico y de los servicios”.
El sonido de las cacerolas en las plazas de San José o Rodalquilar ya se ha extinguido, pero el mensaje continúa resonando. Los residentes han dejado en claro que no tolerarán regresar al silencio de los apagones sin resistir. Como afirmó Carmen F. Peña después de la protesta: “Nuestro ruido provoca acción, unión… Porque el ruido hace que nos oigamos”. Mientras España discute su futuro como “laboratorio verde” de Europa, miles de ciudadanos descubren que, al final, de nada sirven los grandes planes si no hay un cable decente donde enchufar la nevera.