
Clausura del Mes de María en Jerusalén: Una Demostración de Fe y Espíritu Cristiano La ciudad de Jerusalén cerró el mes de mayo, dedicado a la Santísima Virgen, con una multitudinaria procesión que recorrió las calles de la Ciudad Vieja, presidida por el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén...
La ciudad de Jerusalén cerró el mes de mayo, dedicado a la Santísima Virgen, con una multitudinaria procesión que recorrió las calles de la Ciudad Vieja, presidida por el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén. Esta celebración, según fuentes del Patriarcado Latino de Jerusalén, contó con la participación de Fray Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa, y otros prelados, como el Nuncio Apostólico, Mons. Giorgio Lingua.
La procesión comenzó en el patio del Monasterio de San Salvador, donde se rezó el Rosario, seguido de una Misa en la que el Cardenal Pizzaballa impartió su bendición sobre Medallas Milagrosas. Un grupo de niñas locales recitaron el acto de consagración al Inmaculado Corazón de María, y las medallas fueron repartidas entre la feligresía por Fray Ielpo. La comunidad, unida en oración, elevó una acción de gracias por la presencia maternal de María en la vida de la Iglesia e invocaron su intercesión por la paz y por un verdadero testimonio de su Hijo en la tierra del Evangelio.
Tras la Misa, el Cardenal Pizzaballa expresó su alegría por ver a los creyentes reunidos y dando testimonio de su fe en las calles de la Ciudad Santa. Destacó la importancia de la presencia cristiana en Jerusalén, especialmente en una región tan importante para la Iglesia Universal, y remarcó el valor de su misión en una zona que ha sido afectada por la violencia y la intolerancia. El cardenal animó a los creyentes a seguir preservando el carácter cristiano de Jerusalén y a permanecer como testigos de la Resurrección y de la esperanza en esta tierra bendita.
Además de la procesión, los frailes de la Custodia de Tierra Santa celebraron una Misa en la que unieron las celebraciones de la Visitación de la Virgen María con las de la clausura del mes mariano. Fray Ielpo, en su homilía, destacó que “a través de María llega Jesús” y que la misión de los creyentes sigue siendo llevar a Cristo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Invitó a renovar la bienaventuranza de la fe, que permite que cada creyente sea capaz de “engendrar a Cristo en el mundo” a través de su propia vida.
En resumen, la clausura del mes de María en Jerusalén fue una demostración de fe y espíritu cristiano, con una multitudinaria procesión y celebraciones que destacaron la importancia de la presencia cristiana en la ciudad y la región. La comunidad cristiana local se unió en oración y acción de gracias, invocando la intercesión de María por la paz y la esperanza en la tierra del Evangelio.
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