
Los gráficos representan solo eso, gráficos, pero algunos capturan la realidad con mayor precisión que un espejo pulido. El INE lo ha demostrado recientemente con una infografía que resume los puntos principales de su último nomenclátor, un catálogo exhaustivo de “poblaciones”, un término amplio que incluye desde municipios como capitales y villas hasta núcleos más pequeños y remotos.
Aunque podría parecer una mera curiosidad estadística, esta información revela aspectos sobre la historia, la demografía y los desafíos sociales y económicos de cada comunidad autónoma.
Si paseas por tu municipio y observas las placas que identifican los barrios, notarás que ciertas palabras se repiten con frecuencia: camino, lugar, valle, cala, vereda… Si viajas en coche a otra región del país, es probable que esa lista de términos cambie por completo. ¿La razón? Una mezcla de factores lingüísticos, demográficos, sociales e históricos. El tema es tan relevante que el INE le dedica una sección completa.
¿Qué revela la base de datos del INE? Que hay una parte de España donde el término más común no es ‘vega’, ni ‘valle’, ni ‘fuente’, ni ‘cala’, sino una palabra que se relaciona más con la intervención humana que con los elementos geográficos naturales: ‘urbanización’.
Para ser exactos, el INE examina la palabra más repetida en las denominaciones de las entidades singulares de población en cada comunidad autónoma. Se trata de cualquier “área habitable” dentro de un término municipal que se distingue claramente de su entorno. En esencia, es la unidad básica, compuesta por núcleos que luego se agrupan para formar parroquias, concejos y pueblos.
Al estudiar cada área, los expertos del INE observaron que el término más repetido para nombrar estos núcleos varía considerablemente de una zona a otra del país. Por ejemplo, en Galicia es ‘outeiro’, en Asturias ‘riba’, en Castilla y León ‘vega’, en Extremadura ‘vera’, en las Baleares ‘cala’, en Canarias ‘lomo’ y en Andalucía ‘fuente’. En Cataluña, la palabra más frecuente es ‘can’ (casa de), en el País Vasco ‘elexalde’ (una alusión a las anteiglesias) y en la Comunidad de Madrid el término más utilizado es ‘valle’.
La sorpresa surge al observar Murcia, Castilla-La Mancha, Aragón y la Comunidad Valenciana. En estas cuatro regiones, la denominación más común no se refiere a accidentes geográficos o enclaves naturales, como ‘fuentes’. En cambio, la palabra predominante es ‘urbanización’, lo que indica no solo su nomenclátor, sino también el desarrollo urbanístico, histórico y socioeconómico.
Sí. Los gráficos del INE muestran que la población no se distribuye de manera uniforme en todo el territorio español. De hecho, existen diferencias profundas entre una región y otra. Un ejemplo claro es la comparación entre Galicia y Castilla y León. Aunque esta última es la comunidad más extensa del país, con unos 94.244 km², en su territorio se distribuyen ‘solo’ 6.181 entidades singulares de población. Podría parecer un número elevado, pero queda eclipsado por las 30.518 de Galicia, que no alcanza los 29.600 km².
Este dato es relevante porque ofrece una idea de la estructura territorial de cada región y su grado de fragmentación. Al fin y al cabo, según el propio INE, una entidad singular es un ámbito habitado “claramente diferenciado” dentro de un municipio, hasta el punto de tener su propia denominación específica. Después de Galicia, las regiones con mayor número de estos asentamientos son el Principado de Asturias (6.983), Castilla y León (6.181) y Cataluña (3.910). A pesar de su tamaño, Castilla-La Mancha cuenta con ‘solo’ 1.708 y Aragón no llega a 1.600.
El dato es notable, pero el INE lo calcula no solo por interés estadístico. Sus tablas demuestran que las entidades singulares proporcionan información valiosa sobre la estructura poblacional de un territorio… y sobre su envejecimiento, con todos los retos que eso conlleva. Cuanto más pequeño es el asentamiento, más envejecida parece estar en promedio su población.
Por ejemplo, en las entidades singulares con menos de 50 habitantes, la edad media es de 54,4 años, pero desciende a 46,6 en aquellas con entre 500 y 1.000 personas. Si consideramos las de más de 10.000, la edad media baja hasta 44,1 años. Aunque en España hay miles de entidades singulares formadas por solo unas decenas de personas, su peso en términos de población es muy bajo: acogen a apenas el 1,2% de los españoles.
Imágenes | Google Earth e INE
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