
La Arquidiócesis de Chicago entregó el Premio Nostra Aetate al empresario y filántropo Michael Sacks durante el banquete Rerum Novarum del 29 de octubre, una decisión que derivó en una protesta pública de activistas provida frente al IBEW Local 134, sede del evento. La controversia no se centra en la trayectoria filantrópica de...
La Arquidiócesis de Chicago entregó el Premio Nostra Aetate al empresario y filántropo Michael Sacks durante el banquete Rerum Novarum del 29 de octubre, una decisión que derivó en una protesta pública de activistas provida frente al IBEW Local 134, sede del evento. La controversia no se centra en la trayectoria filantrópica de Sacks —director ejecutivo de GCM Grosvenor, presidente de la Sacks Family Foundation y miembro de la junta directiva de la Fundación Obama— sino en el destino de parte de sus donaciones. Según reporta EWTN News, el homenajeado aportó 500.000 dólares a Planned Parenthood de Illinois entre 2020 y 2022 y otros 600.000 al Prairie State Access Fund, fondo impulsado por el gobernador JB Pritzker para sostener el llamado “ecosistema de salud reproductiva” del estado.
La organización Illinois Right to Life, fundada en 1968 y con sede en Chicago, encabezó el rechazo mediante una petición que reunió cerca de 4.000 firmas antes del banquete. Su presidenta, Mary Kate Zander, sostuvo que la arquidiócesis nunca respondió a la solicitud de retirar el reconocimiento. Además de las donaciones a organizaciones abortistas, el grupo cuestionó la firma de Sacks en una carta de 2013 a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y el Premio al Liderazgo Empresarial que Equality Illinois le otorgó en 2015 por esa causa.
En su comunicado del 26 de octubre, el arzobispo de Chicago describió a Sacks como un “líder muy respetado en Chicago y en la comunidad judía” y vinculó el galardón al espíritu del documento conciliar que fortaleció el diálogo con las religiones no cristianas. Cupich afirmó que honrar a una persona formada en la fe judía “reconoce esta herencia divina compartida, independientemente de las disputas políticas o doctrinales contemporáneas”, y advirtió que negarse a relacionarse con judíos por diferencias de posición puede repetir “patrones históricos de antisemitismo”. Zander replicó que ese encuadre “distrae la atención” del apoyo de Sacks al aborto y al matrimonio igualitario, y aclaró que ninguna crítica de su organización cuestiona la fe ni el origen étnico del homenajeado.
El episodio no es aislado. El año anterior, Illinois Right to Life lanzó una campaña similar contra el reconocimiento al senador demócrata Dick Durbin, católico y con votaciones reiteradas a favor del acceso al aborto; Durbin terminó rechazando el premio tras las críticas de otros obispos. Ese antecedente sugiere un patrón: cuando la presión pública escala, la salida más probable es la renuncia del homenajeado antes que la rectificación de la arquidiócesis. Como resultado, el caso expone una tensión estructural entre la lógica pastoral del diálogo interreligioso y los criterios de coherencia doctrinal que exigen las directrices de la USCCB. Queda por ver si el Vaticano o la conferencia episcopal se pronuncian, y si el banquete —cuyo objetivo central es recaudar fondos para los seminaristas— logra mantener el foco en su finalidad original.
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